Desde que tengo memoria siempre he encontrado a un amargado del fútbol, ahora se les dice hater, pero entonces no se les decía así. Han existido grandes odiadores del fútbol, se dice de Borges y Eco, pero los más impetuosos y enérgicos, y los que nos consta, son los que encontramos en nuestras vidas, caminando por la calle, y aparecen como vecinos, compañeros de trabajo o apasionados de otros deportes, sin olvidar a los que se creen superiores solo porque no les gusta algo que a la mayoría sí.
Pero así como la democracia no es mala per se, tampoco el fútbol. Al contrario, forman parte de un núcleo de gustos, pasiones, conceptos que pueden unificar a la gente. Diría Ratzinger, junto a Habermas, antes de que me funen, que hay puntos de cohesión, y esos que realmente pueden unificar a la gente, hay pocos.
En ese grupo selecto de gustos puede estar la política, la religión, o temas que comprenden la seguridad del pueblo o de la ciudad. Son tópicos (muchas veces polémicos) y sentidos que hemos heredado desde antaño. En ese sentido, el fútbol se integra a ese conjunto, siendo el más jóven, por razones de impacto social (Me gusta pensar que cuando la humanidad pudo respirar de las guerras, de la ira divina y de la ira de la ciudades y pueblos hermanos, entonces surgió el fútbol para dar una nueva identidad y sentido).
La unión que proporciona el deporte del fútbol es tan poderosa como el de aquellas herencias conceptuales de importancia para el individuo en sociedad, en este caso, en la expresión más viva y práctica del concepto.
¿No me cree? Salga a la calle y lleve un balón consigo. Es más, no lleve balón, lleve una botella de plástico vacía, y póngase a patearla como loco empedernido, tal vez al principio lo llamen loco, pero al tiempo, habrá más locos con usted pateando el balón. Se organizarán y armarán equipos, después, quizás, se verán para jugar un día a la semana y difícil, pero no imposible, hasta terminen emparentados.
Eso pasaba antes. Todavía pasa (incluso lo de emparentarse por el fútbol), pero en menor medida, en parte porque ahora hay redes sociales, otro tanto por la inseguridad, otro más, porque ya casi no hay canchas y espacios para ejercer este lindo deporte.
Es un deporte que se juega en mundiales, ante miles de espectadores; en ligas nacionales e internacionales, con cobertura de las televisoras; pero ante todo, consigue interiorizarse en los sitios más alejados de los países, porque se juega en los poblados y las ciudades, con las madres y padres viendo a sus hijos.
El balompié es un deporte que se juega en todos lados. Y si no te gusta el fútbol, pero quieres intentarlo, éste jamás te dirá que no.
A veces pienso que si el fútbol hubiera anticipado su llegada a la tierra, habrían existido menos guerras, y que tal vez la Iliada se hubiera resuelto en penales. Y que la conquista de América no hubiera sido por masacre, sino porque simplemente los europeos dominaron un torneo intercontinental.
Hay otros deportes a los que se le denomina “La dulce ciencia”, “el deporte blanco”, “el deporte ráfaga” e incluso hasta “el rey de los deportes”, cada uno tiene algo lindo, sí, pero haga la prueba, en la calle, en el trabajo, en una boda, saque una pelota, arrójela, usted será el primer desquiciado, pero, estoy seguro de que por lo menos una alma se le unirá a la fiesta.
Eso es el fútbol.
