Aprieto el libro entre mis manos justo después de leerlo, lo manoseo con placer, la edición es magnífica, da gusto tocarlo, la cubierta es suave, el volumen, flexible, y ya sé que contiene un pequeño tesoro, nada le sobra ni le falta al texto, y las ilustraciones son perfectas.
«La bibliografía existente sobre la Revolución Cantonal de Cartagena es muy amplia. Como investigador, rehúyo las obras que no aportan nada y se limitan a compilar lo ya publicado; volver sobre lo ya interpretado me parece impropio. Me preguntaba qué podía sumar yo sobre este personaje, originario de la población en la que vivo desde mi primera juventud. Qué podía desvelar sin caer en reiteraciones después de haber recogido unos testimonios tan escasos y contradictorios».
José Luis Luri rescata la historia de un hombre del que nadie se acordaba. Constantini, aunque hizo época, no la hizo, y ni siquiera dejó larga memoria en el Calpe que le vio nacer, hasta el punto de que, si preguntas, casi nadie ha oído su nombre y, por supuesto, casi nadie sabe quién fue.
«Feliu era el principal tenedor de las fincas rústicas de Calp. Entre ellas, destacaba la Casa Nova, una gran heredad de secano que poseía una antigua casa fortaleza situada sobre un cerro. La memoria popular conserva testimonios que hablan de sus bodegas y pasadizos, lugares que habrían sido destinados al almacenamiento de géneros de contrabando. En este punto, la realidad y la leyenda se confunden al evocar la existencia de un túnel subterráneo que, según la creencia popular, conducía desde la masía hasta la línea de mar».
El estilo es fluido, el libro se lee sin esfuerzo, en una tarde puedes dar cuenta de una tarea en la que el autor ha invertido años, el trabajo de investigación ―del que se habla en las primeras páginas― ha sido complicado, fatigoso, a veces desmoralizante, pero la fortuna se puso finalmente de parte del investigador.
«A comienzos de la década de 1870, la trayectoria de Nicolás Constantini presentaba ya una fisonomía definida. Había consolidado su posición en Orán, se movía con soltura en los circuitos marítimos y contaba con un prestigio público avalado por un episodio de alcance excepcional en el ámbito marítimo. Su nombre circulaba asociado a la competencia profesional, a la iniciativa en situaciones límite y a una red de relaciones forjadas en el mar, donde la lealtad y la experiencia compartida pesaban más que cualquier adscripción formal».
Aunque la historia de Nicolás Constantini es una historia real y en estas páginas no hay ficción de ningún tipo, la obra tiene algo de novelesco, quizá porque la vida de este marino fue realmente novelesca («la presencia de Constantini en los textos de Galdós o Ramón J. Sender contribuyó a perfilar un personaje literario cargado de tintes épicos»).
«El segundo comandante de la Tetuán, Luis Montoya, informó a la Junta Soberana de que los fogoneros carecían de recursos para soportar el trabajo al que estaban destinados y no disponían de ropa de abrigo para la estación. Días después, el maquinista de guardia comunicó que, al ordenar el encendido de los hornos, los fogoneros se habían negado a hacerlo alegando la falta de pago de sus haberes».
Un libro sin desperdicio.
