«SINCERIDAD Por supuesto, es lo que esperamos de todo el mundo: franqueza, que lo que esté diciendo o haciendo alguien corresponda a sus sentimientos y pensamientos. Pero ¿siempre?».
Quizá no siempre. Quizá tanto la editorial como el autor preferirían que (yo) mintiese, que dijera que la obra está bien, que al menos distrae, que es una lectura agradable, que hiciera, en resumidas cuentas, una reseña amable, dejando de esa forma todas las puertas abiertas, porque ¿a quién le interesa cerrarse puertas?
«Pocos y pocas están a la altura del enamoramiento. Es cierto que casi todo el mundo parece haberlo experimentado, pero sospecho que en la mayoría no es más que un calentón originado por la madre naturaleza e informado por algunos tópicos sin duda valiosos pero de poco espesor».
En mi papel de autor, ¿qué interés me mueve a decir una verdad que en el ámbito editorial no me va a beneficiar? Sobre todo teniendo en cuenta que soy un autor desconocido, y que mis reseñas, por tanto, tienen poca repercusión, así que ¿por qué hacer enemigos con lo fácil que es hacer amigos?, ¿qué gano al final haciendo crítica honesta?
«CAMINAR Antropológicamente, es el acto decisivo en la fundamentación del ser humano, que supuso la verticalidad y la libertad de los miembros superiores, los brazos y, sobre todo, las manos, que se independizaron de su uso para caminar y correr y poder dedicarse de lleno a gesticular (vínculo verbal) y a elaborar herramientas como los bifaces».
Ay, tal vez la clave está en la última palabra de la última pregunta, honesta, nada más ni nada menos, decir la verdad porque tu honestidad no te permite lo contrario, porque hay cosas más importantes que las cosas, porque la sinceridad es la sal del mundo, y si la sal se desvirtúa, ¿quién la salará?
«COMUNICAR Lo básico de esta acción es transmitir de un ente a otro una información, y en este sentido es tan vieja como el universo, donde todo desde el comienzo ha estado en contacto, y por lo tanto modificando en este trasiego al receptor, que a su vez es emisor de información».
Como se observa en los fragmentos transcritos, el autor no nos descubre nada, todo son obviedades, simplezas, y ni siquiera su prosa es especial, no hay chispa ni magia ni musicalidad, no hay voz, no hay estilo, tampoco evoluciones técnicas ni destreza sintáctica, no hay precisión ni originalidad, en ningún momento encontramos ese talento que caracteriza a los autores inspirados.
«Un libro es un invento, una feliz ocurrencia colectiva derivada de la escritura; una manera de ordenar conjuntando lo escrito, de facilitar su abundancia y la recolecta. Un libro es una gavilla de páginas escritas en algún idioma, susceptibles de ser descifradas siempre que sepamos su código».
Por supuesto, si no sabes leer, no puedes leer. Este libro, que pretende ser un diccionario existencial, incluye la semblanza de veintinueve personajes (treinta si incluimos a Dios) que, la verdad, no sé a qué viene, entré en un ensayo y, la verdad, no sé de dónde salgo.
«”Desconfío―decía Jorge Wagensberg―de un ensayo en el que ninguna frase merece el rango de aforismo”».
Pues eso.
(Sí, Acantilado, en los incisos, no deja espacio entre la raya y la palabra).
