En el más reciente poemario de Osiris Mosquea, Me sobran noviembres (Nueva York Poetry Press, 2025), el tiempo es una constante en sus versos. El tiempo, tanto en orden cronológico factual como el tiempo a manera de recuerdos nostálgicos caprichosos, se entremezcla en los folios.
Por un lado, el tiempo solo dicta los hechos en orden de sucesión y, por el otro, de manera anacrónica, brinca de las páginas, con imágenes dolorosas, nostálgicas y tiernas, recreando la formación sentimental de la voz poética.
La meditación sobre el tiempo nos lleva, en las líneas, a la confrontación de la finitud como individuos en esta tierra.
El concepto de lo efímero en el poemario da la opción de decidir quién está al final de la vida. El tiempo cuestiona los opuestos como el silencio y el ruido mental, el callar y el hablar, lo mortal y lo divino.
Todo esto en un contexto urbano donde la soledad, a veces, se recrudece haciendo sentir a la voz poética un inevitable destierro.
