Hoy voy a hablar de unos libritos que me han recordado a aquellos libros de bolsillo que popularizó la editorial Bruguera en los años setenta. Bolsilibros, se llamaba la colección, y todo el mundo llevaba uno en el bolsillo.
Carpinteros, jubilados, albañiles, médicos, pacientes, todo el mundo llevaba encima un bolsilibro, y en la sala de espera, en el parque, en el autobús, todos leían historias de misterio, de ciencia ficción, del oeste, de amor.
Eran los auténticos libros de bolsillo, los que sí cabían, no como los de ahora, que miden un palmo y no hay bolsillo que los cobije, también el que escribe leyó un montón, y algunos eran realmente interesantes.
Francisco González Ledesma, premio Planeta en 1984 con la novela Crónica sentimental en rojo, publicó mil títulos, firmaba como Silver Kane y escribía una novela cada semana.
Ciertamente, los libros que han inspirado este artículo miden también un palmo, o sea, que son más grandes que aquellos de los setenta, que medían quince centímetros de alto, pero son muy delgados, incluso se pueden doblar, y por eso me recuerdan a aquellos.
Están escritos con un estilo ágil, adictivo, sugerente, están escritos con oficio, buscando más el concepto que la perfección, buscando, sobre todo, entretener, pero sin renunciar a la reflexión.
Son libros, pues, que te harán pensar, y mejor nos iría si la gente siguiera leyendo estas historias en vez de embrutecerse mirando una pantalla que ya es nuestro enemigo número uno.
El jardín eterno especula con la idea de utilizar un asteroide como medio de transporte interestelar. En apenas cincuenta páginas, el autor consigue introducirnos en una aventura que nos hará soñar.
«Café, el pelo anudado en una coleta, tiempo por delante y ninguna distracción. Así preparaba sus clases la profesora Eva Castaño. Su habitación en el edificio del profesorado contaba con lo básico. Tenía que reconocer, sin embargo, que esa sobriedad, junto con el escritorio amplio y funcional, favorecía la concentración».
El libre albedrío se desarrolla en una Tierra que está en guerra, y de lo que se trata es de buscar una solución para este mal, conseguir que las guerras carezcan de sentido.
«Con solo una gota de ese río la humanidad podría dar un salto tan grande que ni siquiera estamos preparados para imaginarlo. Seríamos tan ricos, tendríamos tanto poder que las guerras carecerían de sentido, ya no serían necesarias».
Me lo he pasado bien viviendo estas historias, hacía mucho que no leía algo así, y ha sido estupendo volver a leer algo tan parecido a aquello que de joven leía, la verdad, me he sentido como si hubiera regresado en el tiempo, de manera que no tardaré en volver con las historias de Joseto Romero.
