Escribe Rafael Soler con los dedos de alma, se nos entrega entero este poeta, a pecho abierto, a cara de perro, sin bajar la vista ante la parca, para hincarle de rodillas hay que cortarle las piernas, diría ese otro poeta que también nació en el Mediterráneo.
leve como un sueño / limpio de afanes mi espinazo
y en noches de precisa soledad / dejándome pasar escucho
aquí la tonta mueca / aquí su dedo impío / aquí la edad como una boca
Marco y remarco, un verso aquí, otro allá, los pongas como los pongas, la magia sigue ahí, casi se puede palpar el ritmo, la musicalidad, el sentimiento que los cobija.
no es lo mismo morir / a que te mueran
tómese pues mi desacato / como inútil desahogo / del que a cuestas con su cuerpo viene
y ahora mírate / calladito / horizontal / y ventilado
Las razones del hombre delgado es un cara a cara con la muerte, de qué sirve amilanarse cuando todo está ya perdido, peleemos pues, terminemos la faena con la barbilla alzada.
tumbar contigo / el dos que fui y llevo dentro
uno más uno dos / menos uno / cero
morir a los veinte pido / ser eterno
Palpita este libro, se te mete dentro, y te descubres recitando ahora que alzándote de nalgas / a un vacío sin fin te precipitan, ha escrito Rafael Soler un texto que tiene vida propia, cómo decirle / que llega usted / caído entre sus piernas, ha escrito Rafael Soler un texto que grita sin gritar, aquí de nada sirven / las terribles amenazas / y estamos ya discúlpeme / en otra página del libro.
Las razones del hombre delgado es la historia de todos contada por alguien que se ha atrevido a mirarla de frente y que, además, ha sabido volverla del revés para mostrárnosla tal cual es.
hay mudanzas / peores que un incendio / y es su caso
usted disculpará / el cierre albañil de su techumbre / este suelo pelado que le ofrezco / a falta de un paño de vicuña
no busque los zapatos / ni pida un balancín / ni haga del colchón su cenicero / debería saber / que usted pisó la raya / y en este lado / con un suspiro dentro basta.
Un libro que es más que un libro, él, ella, la parca, un triángulo cotidiano y aterrador, un triángulo que nunca será equilátero, un triángulo plagado de sombras.
no es lo mismo / habitar la memoria / que vivir de tu recuerdo
