Tres páginas me ha durado este libro. «Una novela asombrosa», dice el Observer. Pues yo me quedaré sin experimentar esos asombros. Lo que ya no sé es si la culpa la tiene la traducción. Decía Constantino Bértolo (Espía en país enemigo) que «En una traducción, y aun a pesar de la excelencia de esta, resulta difícil valorar sus cualidades lingüísticas».
Así que con una traducción mediocre es imposible. Pero repito que no sé si la traducción es buena, mala o regular. Lo que sí sé es que en el tercer párrafo hay un aunque impertinente.
«He estado pensando en el Amor, ya ves, y el suyo fue el primer y más extraño romance del que he sido testigo. Entonces no lo comprendí. Todavía lo encuentro raro, aunque sigo entristeciéndome al pensar en ello».
Se supone que el aunque (conjunción adversativa) se utiliza para contraponer un concepto a otro, y en este caso no hay contraposición. El hecho de encontrar algo raro no tiene por qué entristecerte.
Observemos ahora cómo lo utiliza Roberto Bolaño: «Caridad se adaptó bastante bien a la vida del camping, aunque al principio no era fácil notarlo pues casi no hablaba y yo casi no le hacía preguntas».
Tres páginas me ha durado este libro. En la segunda me encuentro con un «Mi abuela también solía beber mucho vino de diente de león», y resulta que ese también también es improcedente porque no indica igualdad, semejanza o relación con nada, «Mi abuela vivía en Petrolia, no creo que le gustara tenerme, tenía mal genio, me dijo que Dios no existía» y, zas, «también solía beber mucho vino».
Asombroso.
«Tengo la impresión de que Lemebel y Jorge Arrate no se entenderían. En cualquier parte de Europa esto sería una pena, pero en Chile también es una tragedia», decía Bolaño en Entre paréntesis.
Lo de Bolaño ha surgido espontáneamente, acababa de anotar la frase de arriba y me he acordado del también de la abuela.
¿Qué hacen los editores? Eso me pregunto. Es obvio que no leen. O leen mal. En los créditos se dice que Infancia, para la traducción, recibió una ayuda económica por parte de un organismo canadiense. Seguro que el editor se colgó una medalla. Pues una de dos: o la traducción es mediocre o lo es la novela.
Aún seguí un poco más, hasta el principio de la tercera página, «No era una mujer cruel, pero era muy variable», de nuevo una conjunción adversativa mal empleada, y encima un doble era que suena a cacharros de cocina rodando cuesta abajo.
Para terminar tal como comenzamos, busquemos un pero de Bolaño, «En la discoteca habíamos hablado pero casi sin oírnos», tres páginas y al contenedor de papel, no me puedo concentrar en una historia tan mal contada, es paradójico que editoriales que lo rechazan todo sin pudor, barbilla en alto y ojos semicerrados, publiquen sin pudor y sin peros, de los aunques y los tambienes mejor no hablamos, libros que ni siquiera han leído.
Como dijera el amigo Roberto: «Y así se va construyendo la literatura de cada país».
