Poemas de Xánath Caraza

Espuma sangrante

 

Para los 43 estudiantes de Ayotzinapa

 

Este mar que lame el arena,

olas hambrientas,

testigos sonoros,

luna de agua con ojos quietos.

 

Inmóviles palmeras mudas frente a mí.

Caminan los rayos del amanecer en las calles,

marchan ante el contenido rugido del mar.

 

Aves migratorias en el horizonte,

con ellas vuelo.

 

Arena salmón lamida por la espuma sangrante

mientras cuarenta y tres niños perdidos

gritan en sus líquidas rojas entrañas.

 

Aullidos sordos, aullidos sordos

en este mar estático que ruge,

ruge mar, ruge, ruge sus nombres

para la eternidad.

 

(11 de octubre de 2014, Acapulco, Guerrero, México)

 

[Poema incluido en Ocelocíhuatl, Mouthfeel Press, 2015]

 

 

Aterrizando en St. Louis, Missouri

 

La misma noche que aterricé en St. Louis, MO

se subastó el traje de león cobarde

de la película el Mago de Oz.

 

Esa misma noche al tocar tierra

la mujer junto a mí me preguntó

qué si St. Louis, MO era mi último destino

ella no estaba segura de poder

llegar a casa porque la calles

estaban tomadas.

 

La noche que aterricé en St. Louis, MO

mi vuelo llegó retrasado.

 

La misma noche que aterricé en St. Louis, MO

el aeropuerto estaba lleno de policías

con perros que olfatearon mi maleta

llena de libros, mis armas secretas.

 

La misma noche que aterricé en St. Louis, MO

pensé en el río Hudson

en los colores que absorbí

en ese otoño amarillo de hojas de árboles

de ginkgo en la acera en Brooklyn

frente a la galería donde había leído.

 

También pensé en la noche de tormenta

en el cuarto piso donde el viento

aullaba frente al Hudson

y yo en pijamas escuchaba

hipnotizada sus ritmos.

 

La misma noche que aterricé

en St. Louis, MO me urgía llegar a casa

y escribir un poema.

 

Esa misma noche, en el aeropuerto,

me pregunté si no estaba en Latinoamérica

donde ver pasar policías armados

en las calles es el pan nuestro de cada día.

 

Esa misma noche cerca de las 8 y media

Ferguson se llenó de llamaradas.

 

Esa misma noche algo dentro

de mí se rompió de golpe.

 

Esa misma noche sentí

que eran 43 + 1.

 

Esa misma noche

sentí tristeza.

 

La noche que aterricé

en St. Louis, Missouri.

 

La noche que aterricé

en St. Louis, Missouri

me recordó que la vida

no la tenemos comprada.

 

Que es frágil, que no es nuestra,

que aquí estamos de paso.

 

Me recordó que soy afortunada

de escribir estas palabras,

de tener el espacio donde

manifestarlas.

 

Me recordó que tengo una voz

que quiero usar apropiadamente.

 

Luego pensé, al aterrizar en

St. Louis, MO que esos 43 + 1

no estaban, que no estaban,

que nunca leerían mis palabras,

 

que esa noche que aterricé en St. Louis, MO

hacía frío y que las imágenes

en el televisor de uno de los bares

frente a la sala E22 eran de fuego puro,

 

que era lunes 24 de noviembre

en St. Louis, MO.

 

También pensé en una noche en

la playa, en una fogata tan grande

que alcanzara la luna.

 

La noche que aterricé en St. Louis, Missouri

pensé en ti, Michael Brown, pensé en ti.

 

Pensé en ti, niño perdido, pensé en ti

pensé en ti,  43 + 1, pensé en ti

pensé en ti, en ti, en ti, en ti

en ti, en ti, pensé, en ti, en ti

en ti, en ti, ti, ti, ti, pensé

esa noche, al aterrizar.

 

[Poema incluido en Ocelocíhuatl, Mouthfeel Press, 2015)

 

 

I.

 

Llueve en el fosforescente verde matutino.

Descubro entre la cibernética tinta negra,

entre un desconocido norte que es mi sur,

palabras entretejidas con miedos,

sentimientos disfrazados de distancia,

muros metálicos dividen dos países,

dos corazones, madres e hijos,

padres y hermanos, pasado y presente.

 

¿Qué nos hace diferentes?

 

Somos manos que escriben,

que trabajan, limpian y guían

en la oscuridad más grande.

 

¿Qué es una frontera?

 

Límites creados,

culturas forzadas

a darse la espalda.

 

Llueve en el fosforescente verde matutino.

Descubro entre la tinta negra

de esta pantalla de luz artificial,

los hombres y mujeres sin nombre

que apenas dejan rastro de

su existencia en los desiertos.

 

Anónimos seres que nunca

serán reclamados.

 

Esperan las madres orgullosas

a los hijos e hijas tragados por

la flamígera arena del desierto.

 

Rojo atardecer llena mi pantalla

y la tinta negra empieza a sangrar.

 

[Poema incluido en Tinta negra, Lobo Estepario Press, 2016]

 

 

Hoy mujeres y hombres

 

Ciudad con campos de flores rojas,

cada pétalo lleva el nombre

de estudiantes que conocí.

 

Hoy mujeres y hombres.

Ya no niños inocentes

ni adolescentes rebeldes.

 

¡No hubo tiempo!

 

Hoy mujeres y hombres

que demandan justa causa:

el derecho que no se debe de prohibir,

derecho a ser educados,

a ser parte de la ciudad.

 

En las ciudades

donde los derechos

de igualdad no han nacido,

donde la voz de aquellos

que atravesaron la frontera

sea tan válida como la de los demás,

las calles están vacías.

 

Quiero recordar el color rojo

de los campos floridos,

el reflejo del sol y del agua,

la fuerza de sus palabras.

 

Ya no hay niños inocentes

ni adolescentes rebeldes.

 

¡No hubo tiempo!

 

Solo mujeres y hombres

forzados a crecer.

 

[Poema incluido en los poemarios Conjuro, Ocelocíhuatl y las antologías, Poetry of Resistance: Voices for Social Justice y Resist Much/Obey Little: Inaugural Poems to the Resistance]

 

 

Naturaleza

 

La que se mueve fuerte

produce flores rojas embriagantes

y los poemas más sensuales.

 

Está lastimada.

Sangran sus cañones,

sus montañas se desgarran.

 

Su corazón rojo profundo tiembla.

Vibra su centro enardecido,

las casas caen.

 

Granizadas de plata

cubren los verdes campos

con la ira azul de ehécatl.

 

(Kansas City, otoño de 2012)

 

[Poema incluido en Sílabas de viento, Mammoth Publications, 2014]

 

 

Corazón de agua

 

Corazón de agua gira

origen del universo,

borbotones de historia líquida,

zafiros de las entrañas de la tierra

se desbordan por doquier.

 

El agua canta en su nacer,

en su correr por las arterias,

fuente redonda,

chorro de fuerza

fuente de vida,

ecos lacustres,

centro de la tierra.

 

Universo de agua,

baila con la corriente,

penetra las grietas,

llena la fuente que sana,

que baña, que lava el dolor.

 

Gira agua en mi tintero,

penetra esta página blanca,

márcala e inserta tus raíces líquidas,

expande la vida, fluye, fluye,

canta, canta, agua, corazón de agua,

gira, chorro de fuerza, eco lacustre,

báñame, vibra, llévate el dolor.

 

(En el aire, 8 de julio de 2015)

 

[Poema incluido en Donde la luz es violeta, Mammoth Publications, 2016]