Poemas de Carlos Gerardo

Del libro Genealogías

 

 

Madre

 

Detrás de una ventana

mi madre me espera

como se espera la lluvia

cuando la cosecha

ya se ha perdido.

 

 

Genealogía / distancia

 

Las raíces me recuerdan siempre a los muertos.

No es algo fácil de explicar.

La luz se disgrega en el color magro del recuerdo.

 

En el cuarto de mi abuela había un rincón con fotos viejas

blanco y negro,

la mirada fuerte y fija

y el orgullo de las armas

o la belleza de las flores,

las paredes hechas con palos y el techo

de palma están más cerca

que esta avenida,

que esta computadora,

que todo

este

hastío

de objetos.

 

Mis manos cada vez son más viejas

y vacías

y cansadas.

Mi abuela tenía un rostro hecho de oraciones

y dolor.

 

Las raíces, me dijo un día, me recuerdan

a mis padres    a mis hermanos que han muerto.

Tenía la mirada fija en la tierra

que nos consumía

en el polvo

que el viento levantaba

sobre el patio.

 

Por eso prefiero a veces enterrarme y hablar

de mis cenizas. La calle me rodea

y yo la habito.

Pero no hay raíces que florezcan bajo este manto perpetuo de concreto.

Desde entonces el pasado comenzó a disgregarse

y retengo el recuerdo como la llave que permitirá

perforar

como un taladro

toda

esa

nostalgia.

 

 

Padre

 

No sé si mi padre ha muerto              A veces

se sienta sobre toda la cordura y grita:                      ¡Vivo!

que está demasiado solo o que está volviéndose demasiado viejo

y se levanta                 (me grita)

que ya no puede trabajar

cuando reconozco que las arrugas tienen algo de

verdad (yo) le confío un secreto                    Le digo: padre

las raíces me recuerdan a los muertos                        Es

complicado pero es cierto. De alguna forma, el

ritmo le gana a la materia.  Papá no en-

tiende de esas cosas. Está

solo y chalado. Siempre lo despiden del trabajo, tal

vez porque en el fondo tenga algo de pez o

de músico antiguo. Siempre lo despiden.

Recuerdo

            cuando nadaba

su felicidad rebalsaba el mar

o cuando tocaba el saxofón y

la música me decía

que su tristeza era infinita

o cuando se levantaba

a las seis de la mañana y no lograba

echar a andar su viejo Subaru del 78

 

Tenía algo de

músico antiguo o

de pez enorme.

 

 

Semblanza:

Carlos Gerardo González Orellana nació en El Jícaro, departamento de El Progreso, en Guatemala en 1987. Migró a los alrededores de la ciudad de Guatemala a los doce años y hasta ahora, luego de muchas mudanzas, sigue viviendo en un municipio vecino a la ciudad dentro del área metropolitana. Ha publicado cuentos, poemas y ensayos críticos sobre literatura en diversas antologías y revistas, tanto en su país como de Hispanoamérica. Fue columnista permanente de la revista electrónica Casi literal de 2014 a 2016 y fue ganador del Primer Certamen de Cuentos El Palabrerista en 2014, promovido por el Proyecto Editorial Los Zopilotes. En 2015 publicó el libro Música rara con Editorial Alambique. Estudió literatura por la Universidad de San Carlos de Guatemala y se licenció en ingeniería química, por la Universidad Rafael Landívar, de donde también obtuvo un grado de maestría en filosofía. Ejerció la ingeniería durante cinco años y la dejó para dedicarse de lleno a la literatura, o a cualquier otra cosa que no redujera el mundo a datos y costos. Le gusta mucho leer poesía, aunque cada vez hacerlo le resulte más difícil. Es admirador de Leopoldo María Panero, Alejandra Pizarnik, Roberto Bolaño, Raymond Carver, Constantinos Cavafis, Fernando Pessoa, Samuel Beckett, William Saroyan, Stanley Kubrick, David Lynch, Kafka y Dostoievski, y de muchas otras personas que lo han ayudado a perder la cabeza a cambio de breves instantes de sentido y lucidez. Le gustan las películas (es capaz de ver hasta cuatro en un día libre), las micheladas, los tacos, el vino, la comida china, los cítricos, las conversaciones y el silencio.