Poema de Natalia Villanueva

Grindadráp, o la dificultad contemporánea de mirar el mar

La sangre convertía el fiordo 

en una variación del atardecer 

donde rojo no significaba todavía 

advertencia ecológica

ni trending topic

ni código hexadecimal en pantallas 

midiendo la temperatura exacta 

de una herida

sino apenas el color 

de aquello que alguna vez 

permitió sobrevivir 

a un archipiélago

golpeado por inviernos 

el océano no era paisaje

sino despensa 

y calendario; 

la matanza de ballenas 

podía leerse como tradición

antes de convertirse en evidencia aérea,

drone footage, 

resolución 4k,

la violencia circulando entre pantallas

para mirar el mar teñido sin olerlo,

sin escuchar 

el golpe hueco de los cuerpos

contra las piedras negras de las Islas Feroe,

donde cada arpón entrando en la carne

parecía menos un acto de caza

que una firma ancestral repetida

sobre un documento 

imposible de traducir del todo 

a la moral contemporánea;

o bien el océano era solo 

otra superficie reflectante

como esas ampliaciones fotográficas 

donde el grano revela 

no la verdad                                                        

sino la textura misma 

de nuestra necesidad 

de acercarnos

porque mientras más zoom hacemos 

sobre la imagen de una ballena agonizando 

entre espuma roja

más difícil resulta distinguir

si estamos mirando un crimen, un rito 

o la lenta incapacidad humana

de abandonar 

aquello que alguna vez

nos mantuvo vivos. 

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