Poema de Gabriel Govea

Reencarnación

 

Un vehemente licor me incendia cráneo adentro:

Devengo actor de un teatro oscuro,

de una obra siniestra donde el único público

es un espejo quebrado con mi imagen mil veces repetida,

una pauta escrita por mi sombra de trapo

y un director egoísta que no se sacia nunca del espectáculo.

 

¿Qué sucede en tal caos de remolinos

fecundados por fulgores desconocidos?

¿Quién actúa verdaderamente en la función?

¿Tan grande fue el lamento de la mujer herida

que devino su carne en hombre desdichado,

dos mil años después, como venganza contra sí misma?