Para A.
Amo mis sueños
porque en mis sueños vuelo.
En mis sueños me muevo de un lugar a otro en instantes.
De un tiempo a otro en instantes,
de pronto
soy otra vez niño.
Niño o joven
viajo a lugares conocidos
y también a lugares desconocidos.
Me encuentro con familiares y amigos
y con otras personas conocidas
y también desconocidas.
Algunos familiares que ya murieron
en mis sueños siguen vivos y sanos.
Suceden cosas que, por aquí en la vigilia,
serían imposibles. Suceden maravillas.
Pero principalmente amo mis sueños
porque constantemente apareces en ellos.
En la vigilia he visto tus blanquísimas manos,
he admirado tus uñas —adornadas o no—
y me has permitido tocar tus manos.
En la vigilia
he visto la parte de tu blanquísimo abdomen
que permitió el hueco
del overol que usabas sin camisa, pero
en mis sueños he besado tus manos
cada uno de tus dedos
he besado tu abdomen.
He visto tus pies desnudos y los he besado.
Amo la vigilia porque, aunque no te beso,
veo tu rostro
nos miramos
conversamos
—de los libros que vamos leyendo,
y de biología y más—
y admiro otra vez tus manos blanquísimas.
Amo la vigilia porque,
aunque no te veo todos los días
sino tan solo uno de la semana,
cuando te veo
despierto
en el más grato de mis sueños.
