Poema de Arman Tleyotl Carrillo

Balcón

Este balcón 

de balaústres blancos redondeados

de piso blanco y paredes rojas

no es mío

ni la banca 

ni las plantas en maceta.

Pero aquí me siento a gusto,

miro desde el segundo piso

la calle y las casas de enfrente 

adornadas con afán.

Veo los ficus

las palmeras

los cipreses

las jacarandas y cómo el viento 

menea sus ramas.

He disfrutado los relámpagos

el caer de las primeras grandes gotas

y en seguida toda la lluvia

y cuando es tiempo despejado

los cielos completamente azules

o con apenas unas nubecillas blancas.

He visto avecillas de varios tipos

paradas en los alambres 

solitarias

o en pares acicalarse una a otra.

He escuchado diversos 

pajarillos cantar

cada cual con su tono y su ritmo.

He visto el pecho

de los valientes aviones

cursando el cielo.

Y, si me levanto de la banca

y doy un par de pasos hasta la balaustrada,

alcanzo también a ver 

a la izquierda

recostada

una parte de la gran ciudad

y a la derecha un pequeño cerro

por el que se levanta

la luna en sus distintas fases

y a la que le he cantado a mi ritmo.

Como también le he cantado

pero en secreto 

a mi bella vecina de enfrente

que no me conoce

y que no conozco, pero

¡Cuánto agradezco al cielo

cuando tengo la suerte de verla!

He visto muchas veces

el manto estelar

y distingo algunas constelaciones 

que no son difuminadas

por las luces de la ciudad.

Este balcón no es mío,

puedo acceder a él

porque rento una pequeña habitación

y sé que será así

hasta que la dueña de la casa

me pida que me vaya

y tenga que buscar otro lugar.

De tal manera funciona la cosa 

para los que rentamos en la gran ciudad

y no tenemos propiedad

aquí

ni en ningún otro lado.


                                                                                                                                           

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