Obra en portada: Suki
Primero vi el cuadro que habían expuesto en el escaparate. Y me quedé pensativo. La Nube Roja aún no había abierto sus puertas, y volví una hora después. Me recibió una mujer, estaba sentada a un escritorio, pintando miniaturas, y enseguida noté que transpiraba serenidad.
En cuanto le dije a qué había ido, una vez zanjada esa cuestión, centré la atención en los cuadros que tenía a mi izquierda. Las cuatro obras eran del mismo autor, eso era obvio, y supuse que formaban parte de la exposición que unos días antes habían inaugurado.
Le pregunté a la pintora, y sí, estaba contemplando una parte de la exposición, y entonces, claro, busqué la firma, Noelia Lillo, y después de mirarla un segundo, le pregunté si era ella, y sí, era ella, estaba hablando con la artista, estaba hablando con una pintora que ―eso también era obvio― se vaciaba en cada trabajo.

Noor
La obra de Noelia es hipnótica, se te mete dentro, fijas la vista en un cuadro y quedas atrapado al instante, podríamos hablar de un estilo que golpea fuerte, si el arte es emoción, Noelia ha encontrado la tecla y la pulsa hasta dejarte sin aliento.
Así que lo primero es el golpe, un golpe rotundo que te deja embobado, y después, después ya estás abducido, la seducción se ha consumado en un segundo y, sin embargo, será para siempre, vi la exposición hace meses y hoy, cuando por fin llega el momento de hablar de ella, sigo encandilado.
Recuerdo que examiné un cuadro de cerca. «Disculpa que me acerque tanto ―le dije―, pero tengo curiosidad». Me respondió, sonriendo, que también ella se acercaba, se acercaba para pintar y después, al igual que yo, para ver lo que de lejos no se ve.

Frío deseo
Estábamos solos, y me mostró toda la exposición, sala a sala, cuadro a cuadro, y ahí estaba yo, queriendo ver en un rato lo que requiere horas, días, toda una vida quizá, pues la obra de Noelia no se acaba nunca.
«Eres minuciosa», le dije, y me comentó que alguien le había aconsejado que no lo fuera tanto. «Veo que solo pintas mujeres», le dije, y me comentó que alguien le había aconsejado que buscara otros temas.
«Yo no buscaría otros temas ―observé―. Y tampoco dejaría de ser minucioso. Yo, si fuera tú, seguiría pintando mujeres con minuciosidad. Tu obra me parece perfecta. De hecho, creo que es precisamente esa perfección lo que ese alguien quiere arreglar».

Elección
Algo así le dije, y seguimos contemplando y charlando y disfrutando de esas mujeres mágicas, piel suave, siempre, ropajes que se pueden tocar, siempre, una textura impactante como fondo, siempre, la impronta como bandera, sin personalidad no hay arte, y Noelia no necesita firmar sus obras.
