Los siguientes relatos breves que presentamos
son parte del libro Reino mundo,
publicado por Editorial Capítulo Siete
La totalidad
En el estrado altísimo que la masa había construido para él, se dirigió a su pueblo, sabiéndose elegido:
“Todo está hecho” dijo el hombre que se emancipó de entre iguales. “Soy la verdad”, dijo después. “Soy el que soy y todos son en mí”, sentenció. “Yo soy el Hombre”, dijo, mientras su lengua lo recorría y ensalivaba. Se dejó caer a la multitud; aquella muchedumbre lo sostuvo entre sus brazos, lo tocaban, lo llenaban de besos, lo olían; más tarde se arrancaron órganos podridos de sus cuerpos y se los ofrecieron al rey, para ser sanados. Abrían la boca con el afán de alimentarse de las palabras del Hombre. Sus cuerpos se pudrían bajo el sol.
Por años no dejaron de aclamar a su Señor; pensaban que en algún momento esas palabras bastarían para llenarles el estómago. Qué maravilloso era el mundo ahora para ellos. Qué honor era seguirlo —se decían—, aunque para alcanzar la mano del salvador les implicara pisotear los cadavéricos cuerpos de los suyos.
Solo un fragmento de felicidad
Míralos, Micael, la lluvia les cae en el rostro. Míralos jugar con la lluvia, cómo son felices. Míralos caminar juntos, empapados. Mira, mira, cómo ríen, cómo se besan. Mira sus ojos, los de él, los de ella, ¡se prometen cosas imposibles! Pero no te preocupes, más tarde sabrán, muy adentro, por qué los árboles dejan caer sus frutos y sus hojas. Ese día todo les será revelado.
Algunos siguieron vivos
El mundo en ruinas. Cuerpos descompuestos esparcidos por las calles. El olor no se aguantaba: los muertos pudriéndose rápido por el calor de la época. Algunos, los sobrevivientes del apocalipsis, seguían asustados en silencio.
Lo miraron todo.
Quisieron comprender la tragedia, el horror, la magnitud de la caída.
Se arrodillaron.
Prometieron entender.
Pero fue imposible apaciguar el hambre.
Micael: el hombre hembra
—Tengo que volver para advertirles. Viene la noche.
—No lo hagas.
—Ya fui profetizado desde los primeros tiempos. Cambiaré la forma. Es necesario.
—Nada es necesario. Te han mentido.
Y Micael extendió sus alas sobre el mundo.
