Siempre me ha fascinado de los futbolistas esa magia que tienen en los pies y en la mente.
Jugar no es poca cosa. Seas hombre, mujer, therian o electrodoméstico. Si no naciste con ese don, simplemente no se da. Aunque entrenes día y noche, no florecerá. Como Messi, que la leyenda del dotado natural, un genio que el universo expulsó de su seno para el mundo del fútbol.
Tiene que existir esa semilla.
Así es el mundo, así es el deporte, así es el fútbol.
Messi es un jugador que construyó su leyenda a punta de esfuerzo y disciplina. En su mejor versión, desplegó una mentalidad competitiva pocas veces vista en el balompié. Messi es quizás el mejor jugador de toda la historia del fútbol. Por el otro lado, Cristiano Ronaldo es una muestra de lo que se puede llegar a ser cuando uno le “echa ganas”.
Es la prueba de que sí se puede o al menos sí se podría. Y dirían en las redes sociales, que no estoy hablando solo de fútbol.
A veces ese sentido, ese genio, esa chispa están ahí, solo es cosa de regarlo. A veces también es cosas de encontrar en qué tenemos esa chispa, en qué somos buenos.
Regresando al fútbol, correr tras un balón cual galgo, o basset hound, importa, porque en el fútbol actual la velocidad importa bastante, pero sin duda importa más esa chispa, ese ahínco, la efervecencia en la sangre y, por supuesto, el sentido de equipo.
En la presentación de la selección inglesa para el mundial 2026, Thomas Tuchel causó una gran sorpresa cuando en su lista final faltaron nombres incondicionales: Cole Palmer, Phil Foden, Harry Maguire o Trent Alexander-Arnold, jugadores de talla internacional. El mensaje es que él busca un equipo en el que todos aporten más allá de la individualidad.
Y eso es una tendencia.
Se ha dicho que los magos se están extinguiendo. O que el sistema ordenado, calculado predominante en esta época, los está extinguiendo. Jugadores como Aimar, Riquelme, Rivaldo, Kaká, por supuesto, Messi y Ronaldo, ya casi no se les ve, pero mientras llegan las máquinas… Esa imprevisibilidad, ese arriesgue, será un aspecto fundamental para la victoria.
El sentido del balompié es ese sexto sentido que te permite saber si algo va bien y ganarás o solo va bien en apariencia y tienes que hacer cosas para evitar una derrota. Pero en la cancha sabes cuando algo va bien en apariencia, realmente va bien o de plano todo se fue a la basura.
Por ejemplo, hay jugadores que nunca aprenden a posicionarse, es decir, colocar la disposición de su cuerpo respecto a la cancha, el balón, sus compañeros y sus contrincantes. Es geopolítica. Una guerra de intensiones.
Yo nunca jugué en primera división, pero ese sentido mínimo del fútbol te permite tener certeza de lo que ves en la cancha: que el fútbol es maravilloso. Hay quienes dicen que aburrido ver a once tipos persiguiendo una pelota y otros once impidiéndolo.
Pero no vieron jugar a Ronaldinho, Zidane, Baggio, Del Piero, Shevchencko, Messi, Ronaldo, ni a Hagi o Hugo Sánchez.
Y seguro no comprendieron lo grande que es Cristiano Ronaldo por hacerle frente a una tradición mágica tan gloriosa.
Pero como yo sí los vi a todos ellos, puedo decir:
¡11 tipos persiguiendo una pelota… ¡Y otros 11 impidiéndolo!
Supremo…
