El ciclo B.I. es relativamente sencillo de explicar una vez que notas cómo se repite con cada generación; súmale otros factores y verás a unos jóvenes que pugnan por sobresalir. Los privilegios sólo son latentes cuando estás por cerrarlo. ¡Al fin tienes tiempo de relajarte y vivir la vida loca! ¿Qué sucede? Arriba el 5 de julio, y con él los temores. Es el día que te enfrentas a una abrumante multitud; es el momento en que el encargado dirá tu nombre en voz alta y dictará tu sentencia: Diploma o certificado. Eso es todo. Esa palabra te definirá. El suspenso sólo es comparable a una montaña rusa. Así sucede año tras año con los chicos B.I., se preocupan, sueñan y emocionan… luego sólo celebran quienes lo hayan logrado.
Probablemente habrá sitios donde no importe que seas chico B.I…. Es broma, mundialmente importa. Quienes conocen el sistema reaccionarán de distintas maneras: desde burlas sobre la carencia de vida social (¡cruel falacia) hasta admiración por estar en un programa de alto rendimiento (cierto, aunque no implique algo más que fuerza de voluntad); más coincidirán en la valentía de los miembros. La verdad es que muchos opinaremos en que somos similares a cualquier otro joven; la única distinción es que marcamos nuestro futuro al aplicar y quedar. Una vez que ingresas no hay marcha atrás: somos similares a cualquier otro joven, sólo que decidimos mutilarnos en el proceso.
El próximo será el último año de mi hermanito. 000243-0008, no lo olvida. Ahora es su turno de crecer y graduarse, sin importar que el sistema jamás nos abandone. Cuando charlamos tenemos un código en común: asignaturas, profesores, actividades, experiencias… todas llevan el mismo referente, y por eso nos caracterizamos como chicos B.I. 000237-0008, no lo olvido. No identificarás a uno a simple vista, aunque al hacerlos notarás cómo los rumores cobran sentido. «No puedo, tengo tarea» es nuestro contradictorio lema. Somos chicos B.I. y no aspiramos a ser estrellas, pero sí a alcanzar la luna. Somos la élite, los privilegiados. Punto. Somos chicos B.I. y no hay nada que cambie el parecer del resto sobre nosotros. Llevamos a cuestas una pesada carga. Somos chicos B.I. y a esto pertenecemos. Somos chicos B.I. y sobrevivimos en el intento… ése es el estigma que llevamos.
Coloquialmente, podría aceptar que soy esa fascinada con ciertas etapas escolares (aunque en realidad me fascinan todas por distintas cuestiones), pero la de preparatoria, reitero, me resultó como una bastante formativa, que literal me preparó para los altibajos, tanto externos como los autogenerados, una que valoro bastante (debí de haber valorado más), y que un día, espero, quizás, entre tantas ideas de proyectos, vuelva a mí en otra modalidad profesional. Por supuesto que el sistema y metodología del Programa del Bachillerato Internacional tiene sus fallas (que entendí/acepté hasta después, incluso hasta tiempos posteriores a mi crónica universitaria), así como ventajas (las cuales al día de hoy sigo aprovechando), pero entre tantas formas de asistir y vivir la preparatoria, me da gusto que la mía haya sido así.
