Segunda invitación a leer: Lo que guardamos para el final de Silvia Gabriela Mendoza González

Las historias de ausencias narran el  anacronismo, memorias paradigmáticas que hacen que las personas que no están físicamente sí estén con nosotros, en espíritu. Son relatos de paralelismos multiversales de lo que pudo ser, y de cuentos que alguna vez creímos vivir. 

Las historias de ausencias son narraciones de lo que pudo ser, y del ensueño de conservar esa añoranza. De lo que se cree.

Cuando uno sabe de estas historias sin formar parte de ellas, puede decir, desde la objetividad que uno cree tener, que tal o cual persona debería abandonar esa esperanza. Que tal o cual persona debería dejar esa situación. Pero cuando uno sabe de estas historias, formando parte de ellas, no hay dicho, argumento ni razón que valga. Uno se cae en un pozo, que es al mismo tiempo un limbo, hasta tocar fondo, o hasta que alguien logre sujetarlo, o que esa persona que cae, después de todo, decida salvarse a sí misma.

En el cuento “El conejo dorado”, comprendí y recordé, el dolor de la perdida del ser querido. La búsqueda que termina convirtiéndose en esa espera inacabable. Me recordó con pena y dolor,  y con mucho respeto, a las madres que buscan a sus hijos y que quizás nunca los encuentren. O, con desesperación, a los hijos que añoran al padre que no regresará. O a la o él enamorado que espera a la otra persona, que yace en otro lado.

Todos los relatos de esta obra merecen ser leídos y seguramente alguno de ellos hará ese knock out anhelado, que dejará varada la mente en ese anacrónico y paradigmático naufragio de estar y  no estar en el mismo tiempo, que es la ausencia y el extrañar lo que pudo ser y no fue. 

Lo que guardamos para el final está disponible en Buscalibre.

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