Renovarse o morir: un nuevo PRI

Se equivocan quienes piensan que la transformación democrática

de México exige la desaparición del PRI

Luis Donaldo Colosio.

 

El pasado Lunes 16, el guerrerense René Juárez Cisneros, renunció a la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Instituciones (PRI),  dejando en el partido más heridas que consuelos. El PRI se vio forzado a utilizar un discurso carente de esa identidad institucional que por años han utilizado, en su lugar, decidieron optar por un momento de reflexión como escudo.

El pasado domingo 01 de Julio, el PRI recibió uno de los golpes más duros que la sociedad  le tenía guardado. El PRI no solo perdió con Meade como su candidato en los 300 distritos federales, sino que también permitieron un congreso de oposición en su casa –la preciada joya de la corona, el EdoMex- y con todo esto, ¿Qué podía esperarse del PRI? ¿Qué podía esperarse de la sociedad?

Por un lado, la sociedad mexicana parece estar contenta del futuro –no tanto incierto- que le espera al PRI, sino que además, en los rostros de los mexicanos se observa esa sonrisa fría que confunde, algunos mexicanos están contentos por la mal llamada transición a la izquierda pero también su sonrisa de esperanza expresa miedo, miedo por lo desconocido, por el tan sonado ¿y si nos fallan, y si no cumple, y si nos engañaron?

La democracia permite eso, te entrega las herramientas necesarias para construir un mejor país, permite también que sea el pueblo quien elija, finalmente, si el Lic. Andrés Manuel Lopez Obrador se equivoca, la culpa no será suya, sino de toda la estructura política que logró acomodarse en los lugares de representación popular. Sin embargo, algo curioso ocurre con el PRI y no es que ellos no observaron el efecto Andrés Manuel, solo que no midieron las consecuencias que podría traerles a su partido.

La salida de Ochoa Reza  como dirigente nacional no solo se dio por la urgencia de mostrar más institucionalidad, más fuerza, más carácter. El ex presidente del PRI; Ochoa Reza lejos de ser un emblema para el partido, terminó con la seriedad que les quedaba, de ahí la aparición de quien fuera subsecretario de gobernación: Juárez Cisneros.

Lo verdaderamente sorprendente fue que, ni todo el tsunami obradorista ni la mesura frente a la derrota doblegaron el espíritu institucionalista que caracteriza al PRI, lamentablemente esa actitud de fortaleza llegó tarde, llegó un año tarde, llegó un sexenio después. El PRI requería de fortalecer sus cuadros, sus delegaciones, sus círculos políticos y sus esferas corporativistas, ningún partido puede funcionar en el siglo XXI con estrategias clientelares del siglo XX.

Desde la XXII Asamblea Nacional Ordinaria del PRI en donde quitaron uno de los candados más importantes; aquel que evitaba la participación como candidato a afiliados con menos de 10 años de antigüedad en el partido. Desde esa asamblea se visualizaban aires  de ruptura, heridas, posibles revueltas al interior del partido y el resultado fue, que por primera vez en la histora del PRI, un no priista los representaría para las elecciones presidenciales.

¿Y si el PRI, después de todo, perdió porque no tuvo un candidato priista en la boleta? ¿Y si el PRI ya no tiene representantes dignos, limpios, con experiencia y leales para representarlos? ¿Y si la muerte del PRI está más próxima de lo que Miguel Alemán se imaginaba?

No, el PRI, como lo dijo muy acertadamente René Juárez Cisneros, necesita entrar en un estado profundo de análisis, autocritica y evaluación más que de reflexión –diría yo-, en este momento, es necesario recordarle al PRI que su futura o posible reestructuración debe darse con la mayor calma y en los mejores momentos internos posibles. Desde hace casi un año, el PRI necesitaba pensarse dos veces si en verdad tendrían que participar en la pasada jornada electoral.

Lamentablemente su historia política los llevo precisamente a ser eso que tanto criticaban, los llevó a postular a externos, los llevó a jugar a ser Millenials, los obligó a intentar ser pueblo cuando muchos, ni eso conocían.

El PRI no se dio su momento de análisis al interior de su estructura, pero ahora, el pueblo mexicano le regaló seis años para poder pensar, repensar y evaluar su futuro.

Puede el PRI sentarse el próximo año a evaluar a sus militantes, puede también no hacerlo, puede además, concentrar sus cuadros más representativos, puede el PRI eliminar las posibles prácticas deshonestas que encontrase, puede hacer una limpieza futura de aquel nuevo PRI que solo vino a destruir la esencia original de aquel viejo PRI.

Vale la pena que las siguientes reflexiones que el PRI hará se avoquen a si querer ser un PRI viejo –a mi parecer más conveniente- o, arriesgar lo poco que tiene para transformarse en un nuevo PRI, un nuevo PRI desapegado de aquel nuevo PRI de los Golden Boys, de los tecnócratas y de los de Atlacomulco pero eso si, un nuevo PRI apegado a  las nuevas juventudes –muy arriesgado a mi parecer- priistas.

Cierto es que, si el PRI no mueve su estructura en estos seis años, éste desaparecerá y se convertirá en nuestra historia como el partido más fuerte que, precisamente por ser tan fuerte, no supo sostenerse y cayó.

A la guerrerense Claudia Ruiz Massieu Salinas, ahora Presidente Interino del PRI, no le queda otra tarea que buscar unificar esas heridas que tanto se abrieron por apostar a proyectos tempranos y externos, a la Presidente le espera un periodo complicado, incluso más que el de la jornada electoral; darle vida al PRI o matarlo de una sola vez.

Debemos seguir pensando que nuestro país necesita una revolución, una revolución de conocimiento, en donde los mexicanos salgan con la información y el deseo de ser representados como únicas armas, que el único ganador en esta pugna por la democracia, sea nuestro país.