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Oxígeno (Marta Jiménez Serrano)

Qué difícil es contar lo que pasó, qué difícil es narrar sobre hechos reales, ofrece la novela tantas posibilidades, mientras que cuando has de desarrollar algo que sí sucedió, el camino se vuelve estrecho, incluso diría que casi no puedes permitirte licencias, toda la magia de la literatura queda atrapada en unos hechos que apenas admiten iniciativas artísticas.  

«Aquella tarde fue antes: antes de irme a vivir con él, de visitar su pueblo, de conocer a sus padres y a sus amigos; fue antes ―claro― de conocerlo a él. Un chico con el que hablaba entonces me mandó un whatsapp con un link que anunciaba una charla sobre la estructura de la novela. Él sabía que yo estaba escribiendo una. Yo sabía que a él no le interesaba la estructura de la novela, así que debía de interesarle yo». 

Y sin embargo, la autora de Oxígeno consigue que su historia real parezca una novela, y tira de ingenio y le sale bien, y tira de técnica y le sale bien, y se desnuda y le sale bien, a un desnudo literario me refiero, que, después de todo, es el desnudo más impúdico.

«Llegué allí con interés relativo. Observé a Juan al llegar y pensé: “Ah, mira, es guapo”. A medida que avanzaba la conferencia fui pensando: “Ah, pues igual sí es mi rollo”, y en la ronda de preguntas levanté la mano para intervenir, con un interés hasta el momento fundamentalmente intelectual».

Decía Leopoldo María Panero que «escribir es siempre inmoral», y yo añadiría que aún lo es más cuando escribes directamente sobre ti, es decir, cuando el autor, en este caso la autora, no se esconde tras sus personajes, sino que se erige en protagonista para destapar una parte de su vida. 

«Él me miró y le pareció observar ―lo asegura todavía hoy― un gesto de desacuerdo, de desconfianza; mi ceja levantada y mi espalda de repente erguida. Entonces pensó: “Huy, esta me va a dar problemas”. Se los di, pero no con la pregunta».

Marta Jiménez Serrano es, pues, un descubrimiento, en estos tiempos de mediocridades conforta encontrar un texto brillante, se hace realidad aquello del diamante entre mondas de patata, lectores, lectoras, dejad los crímenes y lo histórico, respirad Oxígeno.  

«Acabamos cenando juntos, él y yo, y el chico con el que yo había ido (lo siento de verdad), y otros conocidos más, un grupo de esos que se generan espontáneamente al final de la presentación de un libro, o de una charla, o de un coloquio. Nos sentamos enfrente y se hizo todo tan obvio que creo que el resto de los comensales asumió que nos conocíamos de antes y que llevábamos meses tonteando. Pero no, la historia empezó ahí». 

Oxígeno es un libro para todos los públicos, se lee fácil, tiene fuerza, conmueve, Oxígeno es fidedigno y no lo es, que todo ocurrió más o menos tal y como se narra, nadie lo duda, pero ¿qué pasaría si los otros personajes ―que los hay― contaran su versión?

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