No te salves

Algo en que todo el mundo coincide es que el aislamiento durante la pandemia fue complicado. Algunos más, algunos menos, pero el consenso es que el encierro significó aprender a soltar.

Durante la pandemia se me cumplió el sueño que antes no había logrado: asistir a un concierto de Mexicanto. Si bien lo que nunca imaginé fue que esto sería en modalidad virtual, las ventajas de esto es que fueron varios conciertos disfrutados en la sala de mi casa, conectando la computadora a la tele para unirme a la transmisión por Zoom.

Así pude presencia por primera vez la dinámica ya tan conocida de David Filio y Sergio Félix, quienes visitaron Tijuana por última vez en noviembre de 2017 en El Lugar del Nopal, un foro cultural que cayó presa de la gentrificación y tuvo que cerrar sus puertas el año pasado, tras casi tres décadas de impulso artístico.

Pero esa es una historia para otra ocasión.

No recuerdo cuándo me volví asidua a Mexicanto. Quizás en esas noches de infancia en las que me tocaba vivir en el asiento del carro durante la tarde-noche. Probablemente en las ocasiones en que mi padre ponía sus CDs mezclados cuidadosamente.

De repente olvidé a Mexicanto. Una que otra canción volvía a mí. El último año de prepa me los recordó mientras trabajaba en mi portafolio de Literatura sobre La tregua.

En términos modernos, admito que en bastantes ocasiones soy una básica (peco de cliché, pues) y que varios de mis poemas favoritos devienen de la escritura de Benedetti. Descontando que también caí en la trampa del poema apócrifo, entiendo por qué alguien pretendería adjudicar “No te rindas” al uruguayo, sobre todo si se toma en función del que todo fan consideramos es el modelo original, traducido al plano denotativo.

“No te salves” tiene un lugar especial en mi acervo literario. Sobre todo en mi época universitaria y de inmensas dudas, releerlo era un abrazo constante y un intento de humorizar la angustia. Y  “descubrir” que Filio y Félix tiempo atrás habían hecho su propia melodía en honor al poema fue la cereza de mi autocompasión.

Incontables noches repetí el arreglo musical de Mexicanto, incluso incluyendo el intro en un performance que realicé en 2018. Demasiadas veces repasé la canción en mi playlist del 2020, en esas madrugadas de incertidumbre.

Cuando en su Facebook oficial anunciaron que harían un concierto en la virtualidad, yo, quien me había rehusado a la adquisición de productos mediante el internet, e incluso a las interacciones sociales, sin dudarlo me lancé a pagar mi acceso, el primero de muchos. No importaba. Lo importante fue la conexión que hacía con la música que aún hoy no he presenciado en persona.

El último concierto lo festejé en mi honor. Había cumplido años. Mexicanto festejaba su aniversario. Y entre los discursos anecdotarios del dúo, intuí que había llegado mi momento.

David Filio y Sergio Félix platicaron sobre una amiga suya que una vez les leyó un poema… y yo grité.  Grité y lloré y canté ante la televisión de mi sala, conectada mediante el cable HDMI a la computadora que cada ocasión bajé de mi cuarto para poder retransmitir los  conciertos “a lo grande”.

La pandemia no acabó tras ese fin. Quisiera decir que salí victoriosa, pero en realidad, como demasiados, quizás sobreviví físicamente al virus, pero mentalmente salí más asocial, más desconcertada de mi realidad. Y aun así, entre tanto desconcierto, queda recordar “no te salves”.

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

(Mario Benedetti, Poemas de otros, 1974)