Mi pleito unilateral con el Señor de la Danza

“Las danzas irlandesas tienen ya una larga tradición entre las familias de origen irlandés que llegaron a Baja California, vía la Alta California, las cuales pertenecían al México independiente. No se puede evitar contar la historia del primer irlandés Phillip Crosthwaite quien llegó alrededor de 1845 a nuestras tierras invitado por norteamericanos que venían a cazar nutrias para vender sus pieles a las familias acomodadas en Estados Unidos”1

Hace algunos años escribía sobre mis primeros recuerdos de la danza irlandesa, y su popularización más allá de Irlanda y los círculos competitivos gracias al intermedio de Riverdance en el Eurovision Song Contest de 1995, y su consecuente expansión a espectáculos musicales. A pesar de ser una colaboración entre Bill Whelan y Dónal Lunny (música), Moya Doherty y John McColgan (producción y dirección), Jean Butler y Michael Flatley (coreografía), es este último quien más resonó como el gran creador e innovador en la nueva era de esta disciplina.

Y sí, diversos artículos y expertos señalan a Flatley como único. Hijo de migrantes irlandeses. Un Michael de 11 años comenzaba a pulir intuitivamente las enseñanzas de su madre sobre la danza, hasta que a los 17 fue el primer estadounidense en convertirse en campeón mundial en Dublín2. Su nivel artístico y talento es innegable. Cuando por diferencias creativas dejó Riverdance, ideando Lord of the Dance en 1996, sin duda no tomaría en cuenta que desde 2012 una adolescente tijuanense se la viviría repitiendo incontables veces ese espectáculo en YouTube, amando en especial que en 2011 justamente el Señor de la Danza “revivía”, tras una pausa de los escenarios. Y a propósito del Día de San Patricio, vuelven a mí opiniones que incluso ahora termino sin concretar. 

Cuando en 2015 anunciara una remasterización de ese espectáculo, no sabía qué esperar. Aparte porque su regreso en 2011 ya presentaba entonces cambios cada vez más notorios, como una sobreactuación de los bailarines/personajes. En lugar de seguir por la vía “lógica” de modificar ligeramente más vestuarios, el orden de números aquí o allá, o qué sé yo, lo de 2015 me pareció el inicio de una masacre.

Si bien hubo momentos que amé en esta nueva versión, donde lo estridente y dramático en vestuarios y formaciones, así como el uso de nuevas tecnologías, sí quedaba en números como “Warriors”, “Siamsa” o el final “Victory/Feet of Flames/Planet Ireland”, en general lo que sentí fue una desconexión inesperada. Como ver el inicio del fin.

Desde eliminar el uso de los hardshoes en las mujeres (decisión que hasta la fecha no le hallo sentido y que no he encontrado justificación alguna por parte de bailarines o crítica especializada), la exageración de gestos actorales, la inclusión de “nueva música” en los mismos números musicales, una caricaturización en general que me recuerda a la última adaptación de Hoy no me puedo levantar, protagonizada por Belinda y Yahir, y hasta una sexualización no tan justificada (a diferencia de versiones anteriores), creo que llegó el punto en que, ante la competitividad y diversidad de shows, Flatley simplemente quiso seguir en boga (de esto creo que ya habló el NY Times), respaldado por su alto historial, sin mirar lo grotesco que puede volverse todo el espectáculo; como guion de Pitch Perfect 2, se encuentra —desde hace años— en un punto necesario de reencontrar la identidad del show.

Guillermo Beltrán Villanueva hablaba en su artículo de maestría sobre el impacto de diversas danzas en la región bajacaliforniana, y al llegar al irlandés omitió mencionar una de sus representaciones modernas más significativas, que fue el Taller de Danza Internacional de la Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas, espacio donde el profe Fernando López se dedicó a cultivar ese amor por la danza irlandesa partiendo de sus exponentes más populares: Riverdance y Lord of the Dance. Será quizás esa nostalgia la que me lleva a pelearme desde acá con las decisiones de Flatley, el Señor de la Danza, pero sé que algo de razón debo de tener sobre que un espectáculo tan importante y crucial pudo haber evolucionado de otra manera. Igual quiero mi boleto para cuando vuelvan a presentarse en la región.


Referencias

1. Beltrán Villanueva, G. (2022). “La danza folclórica como representante de nuestra historia”. Instituto Universitario de las Américas y el Caribe.

2. Masters of Traditional Arts. “Michael Flatley”: http://www.mastersoftraditionalarts.org/artists/100?selected_facets=tradition_exact:Dancer

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