Más allá de las primeras impresiones: Siempre Tuyo 

Hay historias que comienzan con un encuentro afortunado, con una mirada que parece anunciar desde el principio aquello que está por venir. Siempre tuyo, de Abby Jimenez, elige un camino distinto: todo inicia con una impresión equivocada. Con dos personas que, antes de darse la oportunidad de conocerse realmente, ya han construido una idea errónea del otro.  

La historia sigue a Briana Ortiz, una doctora que atraviesa un momento complicado en su vida, mientras intenta mantener el equilibrio entre sus responsabilidades personales y profesionales. Su rutina cambia con la llegada de Jacob Maddox, un nuevo médico que, desde el primer encuentro, no causa una buena impresión. Para Briana, Jacob parece arrogante, distante y difícil de entender. Lo que ninguno de los dos imagina es que aquella primera percepción está a punto de cambiar.  

Desde sus primeras páginas, la historia plantea una pregunta sencilla, ¿cuánto de lo que pensamos de una persona pertenece realmente a ella y cuánto pertenece a nuestras propias interpretaciones? Conforme avanza la novela vemos cómo ese malentendido inicial se convierte en uno de los motores principales de la trama. Donde ambos descubren que detrás de aquello que habían juzgado existen matices que no podían percibir a primera vista.  

En mi opinión, uno de los mayores aciertos de la autora está en la manera en que construye el acercamiento entre los protagonistas. La relación entre Briana y Jacob no se transforma de manera repentina, avanza poco a poco, a través de pequeños gestos, conversaciones y momentos que permiten que la confianza aparezca de forma natural. Inicialmente comunicándose a través de cartas, las cuales funcionan no solo como un recurso narrativo, ya que con ellas los personajes consiguen decir aquello que de frente no pueden decirle al otro.  

En conclusión, Siempre tuyo no solo cuenta la historia de dos personas que pasan del desencuentro al acercamiento, sino que también reflexiona sobre lo poco que puede decir una primera impresión acerca de alguien. Briana y Jacob comienzan siendo dos desconocidos, pero poco a poco aprenden a mirarse más allá de las apariencias. Y ahí es donde reside uno de los mayores encantos de la novela, el cual es recordarnos que conocer a alguien es aprender a mirar dos veces. La primera mirada muestra lo que creemos ver, la segunda nos permite descubrir quién es realmente el que está frente a nosotros. 

 

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