Mac y su contratiempo (Enrique Vila-Matas)

El universo vilamatiano no solo existe, sino que tiene tanta densidad como el que más, y es un mundo que, además, te fascina y absorbe, poca ficción encuentro en sus historias, pero, claro, ¿qué es la ficción?

Según la RAE, ʽclase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos o personajes imaginariosʼ. Ahí lo tenemos, imaginarios, ʽque solo existen en la imaginaciónʼ.

Y no, Mac, por ejemplo, poco tiene de imaginario, y lo mismo podríamos decir de cualquier personaje vilamatiano, esa es mi lectura y mi verdad, y entonces pienso en los libros que sí son de ficción, El día que se perdió la cordura, por ejemplo, 

ese si es de ficción pura, con personajes preconcebidos, sin libre albedrío, personajes, digámoslo ya, sin alma. La literatura, ʽarte de la expresión verbalʼ, nunca es ficción, llamemos pues ficción a los libros escritos solo para entretener, ʽdistraer a alguien impidiéndole hacer algoʼ.

«En un momento determinado, mientras confirman que pronto aterrizarán en la tierra de las primeras narraciones orales, en la Arabia más olvidada, el vecino de asiento le cuenta que su padre, en su lecho de muerte de Rutherford, le dijo que en otro tiempo creyó en muchas cosas, pero al final fue desconfiando de ellas para quedarse con una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se reconoce como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, aun así, creer en ella».

En Mac y su contratiempo, Enrique Vila-Matas nos entrega, como en él es habitual, una parte de sí mismo, y lo hace, una vez más, de forma sorprendente, nunca sabes por dónde te va a salir, qué se va a inventar en la siguiente ocasión, lo impredecible como forma de seguir adelante, o me reinvento o muero. 

«Pero ese lector, esa persona que estaría en su derecho de pensar que no soy un debutante, no sólo estaría equivocándose mucho al pensarlo, sino menospreciando, de un modo horrible, el intenso y duro trabajo que llevo a cabo a diario para ajustar, lo más perfectamente posible, el texto; un trabajo cargado de sentido, gracias a la compensación que recibo al ver que voy aprendiendo a ir adelante en este cuaderno, donde ensayo caminos día a día, siempre queriendo saber más, siempre buscando saber qué escribiría si escribiese: día a día cosiendo mi imaginario, tejiendo una estructura que no sé si en algún momento sentiré terminada; día a día construyendo un repertorio que intuyo finito y perpetuo como todo léxico familiar: un diario en el que podría quedarme mucho tiempo cambiando poco a poco cada fragmento, cada frase, hasta repetirlo todo de tantas miles de maneras diferentes que agotara el repertorio y me viera asomado a los límites de lo nunca dicho o, mejor, a las puertas de lo indecible».

Obviamente, si utilizamos la palabra ficción solo para obras de entretenimiento (no literarias), el texto de Vila-Matas quedaría así: «Una única y definitiva fe: la de creer en una literatura que se reconoce como literatura, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de literatura y, aun así, creer en ella».

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