Las ocas (Álvaro Cruzado)

No tiene ninguna gracia que las editoriales criben tan mal. Aunque no sé si cribar es el verbo apropiado, pues es obvio que no leen. Y la novela de la que hoy hablamos lo prueba. Voy a transcribir los dos fragmentos que me llevaron a abandonar el libro (página 37), y seguidamente los analizaré. 

«Conforme me acercaba, vi, debajo de los colosales pilares, a varias personas de edad similar a la mía esperando, que también, supuse, habían superado la primera fase de la entrevista; llevaban maletines de cuero color marrón o mochilas e iban vestidas siguiendo el código de los trajeados».

Para empezar, el edificio es colosal, de manera que lo natural es que continuamente haya gente entrando y saliendo, y en ese contexto me parece raro que los hayan citado allí y más raro aún es que vea con tanta claridad a los otros candidatos.

«En ese momento, cortando de raíz mi ensimismamiento, salieron por la puerta del edificio varias personas uniformadas. Se nos unieron como lapas, estábamos uno a uno. Con un movimiento coreografiado impidieron que nos relacionáramos. Gracias a esa maniobra acelerada de aislamiento, comprendí que se trataba de una entrevista de múltiples candidatos. Intenté apreciar al resto de seleccionados, buscando manías, miedos o incertidumbres, quería perfilar sus voluntades. Ese suceso fue el primer hecho desconcertante, ahora que me doy cuenta, ¿por qué querían que no habláramos? Nos subieron hasta unas salas blancas, asépticas y despersonalizadas, sin ningún tipo de referencia y alquiladas al uso, por distintos ascensores. Éramos quince chicos».

Análisis:

«Impidieron que nos relacionáramos»: ¿Entonces por qué los citan a todos a la misma hora y los dejan sin vigilancia diez, quince o a saber cuántos minutos?

«Gracias a esa maniobra acelerada de aislamiento, comprendí que se trataba de una entrevista de múltiples candidatos»: ¿En la página anterior no supusiste que habían superado, como tú, la primera fase?

«Intenté apreciar al resto de seleccionados, buscando manías, miedos o incertidumbres, quería perfilar sus voluntades»: Creo que el protagonista se equivocó de carrera, en vez de arquitectura tenía que haber estudiado psicología, aunque ni eso, porque ¿puede alguien apreciar manías, miedos o incertidumbres echando un vistazo?

«¿Por qué querían que no habláramos?»: Otra vez. Si no hubieran querido que hablaseis, no os habrían citado a la misma hora.

«Nos subieron hasta unas salas blancas […] por distintos ascensores»: ¿Cómo sabes a dónde llevaron a los otros?

Es difícil narrar tan mal, es muy difícil redactar un texto tan incoherente, la prosa es ramplona, farragosa, pueril, con decir maletines de cuero, sobra, lo del color marrón es de escribidor, y lo del movimiento coreografiado para impedir que se relacionaran es casi imposible de imaginar salvo si estamos hablando de una novela musical.

Podría decir mucho más, pero no vale la pena. La novela naufraga desde el principio, el autor no acierta a crear la atmósfera que la historia necesita, tampoco el tono es el adecuado, ni siquiera como redacción se salva, y, para terminar, ¿cómo sabe el protagonista que las salas son alquiladas? 

Salir de la versión móvil