La vida simple: la transhumanidad se vislumbra

No existe barrera capaz de hacer frente a la adopción de la inteligencia artificial por parte de los jóvenes y en general de toda la población mundial.

Nos sorprende que las nuevas generaciones estén utilizando ChatGPT, Gemini o Claude —por mencionar algunas de las IAs más conocidas hoy— para resolver problemas, hacer tareas o trabajos, incluso para encontrar respuestas a preguntas básicas; sin embargo, lo que en un momento se vio como una herramienta luminosa, un auxiliar en el trabajo profesional, las inteligencias artificiales dejaron de ser una gran base de consulta para convertirse, muy rápido, en agentes intelectuales resolutivos. 

Es decir, las IAs sortean los obstáculos a los que se enfrentan estudiantes y profesionistas del mundo moderno (cuando digo mundo me refiero al occidental), de forma rápida, sencilla y, en muchas ocasiones, eficaz. Pronto nos dimos cuenta de que, para cualquiera, basta con copiar/pegar para continuar con la vida simple, y que esto confeccionó una nueva alienación dentro del mundo alienado. 

No obstante, hay voces que se oponen a este nuevo mundo y al que se vislumbra, sobre todo en el sector de la educación, puesto que están en contacto directo con alumnos que han adoptado a las IAs como si la convivencia con ellas diera cuenta de una sociedad de muchos años. 

Los críticos, y con razón, apelan a volver al estudio de pluma y libreta, al pensamiento crítico, a leer distintas fuentes para contrastar información, a  la resolución de ecuaciones complejas sin utilizar las inteligencias artificiales, a presentar trabajos propios, singulares, donde se pueda ver las capacidades del alumno, a realizar investigaciones sin el uso de las inteligencias; es decir, se quiere rescatar la generación de conocimiento que por años ha mostrado su efectividad;  profesores, profesoras, intentan hacer conciencia en los más jóvenes sobre el daño que se están haciendo y en consecuencia las afectaciones que esto tendrá en su vida adulta y a su vez en el futuro de todos; sin embargo, las IAs no están hechas para volver al pasado, ni para ayudarnos:

Las inteligencias artificiales han sido creadas para apoderarse del pensamiento complejo. Parece que las IAs, en el terreno en el que nos movemos la mayoría de los habitantes del mundo, están programadas para que en algún punto sean ellas y solo ellas las que se encarguen de aquellas labores más exigentes para el intelecto humano, que sean las IAs las únicas capaces para resolver las complejidades del trabajo diario profesional, especializado, y de esta forma dejarnos el pensamiento básico residual —decidir si comer o no, ir al baño o no, etcétera.

Todo esfuerzo por detener el desarrollo inercial de las IAs será en vano (no debemos confundirnos con las inteligencias artificiales que están causando problemas de seguridad y que preocupa a los grandes gestores de capitales; esas inteligencias están lejos de nosotros. El poder humano conseguirá detenerlas, no así las IAs que le competen al resto de nosotros, esas seguirán su marcha).

En el mundo que nos espera, la labor del ser humano consistirá en ocupar un sitio determinado, obedecer a tu inteligencia artificial que cada uno tendrá en forma de chip incrustado en el cuerpo o alguna forma de intervención, y dejar que la consciencia artificial —sí, consciencia— sea la que resuelva y decida por ti. Quien no se someta sufrirá la separación de su condición de ciudadano —muerte social—, etiquetado como bárbaro o delincuente, un fuera de la ley: el otro capaz de dañar al cuerpo social transhumano.

Entonces, cuando esto ocurra, ¿qué nos quedará que sea nuestro? El alivio de las necesidades biológicas humanas, aunque dependiente de la vigilancia de la IA que estará al tanto de todo. Cuando esto ocurra seremos dócilmente sometidos por el poder en turno. Solo existiremos para obedecer. Y la mayoría pensará que está bien vivir así.

Esa sociedad transhumana nos espera. ¿Es muy complicado creer que esto pudiese ocurrir? Sucederá. El transhumanismo es una filosofía que plantea transformar la condición humana.

Pongamos atención a las señales: cuando este cambio entre en marcha, se venderá —en distintas presentaciones— como algo necesario para aumentar la percepción, la inteligencia, la fuerza intelectual; es decir, llevar nuestras capacidades al siguiente nivel (pero aquellos beneficiados, los superhumanos, serán solo unos pocos, el resto no correrá con la misma suerte) además de frenar el sufrimiento, el envejecimiento, las enfermedades: evitar la muerte. 

En medios de comunicación, redes sociales, podcasts se discutirá sobre las infinitas posibilidades que ofrece la conjugación de la IA con el cuerpo biológico humano. Después, los grandes tenedores de capital llevarán la inversión a las empresas que estén trabajando en ello, y las entrevistas de los CEOs más conocidos hablarán del porqué deberemos aceptar los términos y condiciones, pues las ventajas que esto significará para el desarrollo tecnológico son mayúsculas. Y esto, en las todavía personas, hará mucho sentido. 

Qué maravillosa es la vida simple que nos espera.

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