Experiencia de un viaje íntimo, melódico y cautivador en ‘Ejercicio en la oscuridad’ de Xánath Caraza por Álvaro Torres-Calderón

Leer el poemario fue un viaje cautivador de imágenes poderosas en los que se combina la naturaleza, lo onírico, el cuerpo y el mismo proceso de la creación poética como elemento regenerador del espíritu. Los poemas fluyen por la abundancia de recursos que utiliza la poeta para representar el lenguaje de la naturaleza, como el uso de aliteraciones, repeticiones, onomatopeyas, personificaciones y metáforas. Los versos en prosa determinan las experiencias de la narradora. Un punto llamativo son las palabras destacadas en negro que se entretejen al final del poema como la idea central o como resumen en un pequeño poema dentro del mismo poema. Las traducciones de cada poema por Sandra Kingery mantienen el mismo espíritu de la autora, con elecciones cuidadas en cuanto a frases idiomáticas, lo semántico y sintáctico. Así mismo, es cautivador cómo los poemas tienen una representación gráfica que enfatizan su plasticidad, gracias a la mano de Tudor Serbanescu. Como se menciona en el prólogo, este poemario cuenta con tres secciones escritas en diferentes lugares: Tierra fértil en el clima templado y tropical de México, Las planicies en el invierno de Kansas City, Missouri y Puntuación aleatoria en la primavera de Vermont.

En Tierra fértil, la naturaleza se manifiesta como una sinfonía de movimientos que conectan con el ámbito de la voz que narra. Lo hermoso es que los poemas pueden leerse en cualquier orden y cada uno mantiene su individualidad; pero leí los poemas en el orden en que aparecen y mantienen una secuencia: una introducción, un in-crescendo y un poema al final que puede ser tomado como la resolución o reflexión de cada sección.

La voz poética nos presenta un bosque sinfónico en el que naturaleza y humanidad se mezclan reflejando un lienzo de vivacidad musical y poética. Las imágenes se suceden a buen ritmo y nos sitúan en el momento que la narradora experimenta. La lluvia se personifica y canta a través de cada gota que toca las hojas de los árboles, que juntas se convierten en un sonido de ritmo constante, repetitivo y agradable. En eso, la niebla de color nacarado se une al paisaje musical. Hay una fusión sensorial de sonido y vista. 

A medida que avanzamos en la lectura, nos adentramos en el espíritu de la poeta, quien, influenciada por la lluvia, siente melancolía, nostalgia de espacios y tiempos lejanos y lamenta los desamores. Los llora como acción necesaria para purificar el alma y abrir los ojos ante el amanecer que se muestra con el sonido de las aves, las hojas y la humeante taza de café. Los recuerdos se activan, porque es una imagen que antes la poeta experimentó, permitiéndole respirar y encontrar un paraíso. Es un paraíso que reconforta, en el cual la voz poética toma energías para regenerarse, y al buscar ese lugar idóneo convierten a su espacio en fértil y por tanto se conectan con su corazón formando la idea de esencia, origen y fertilidad de la tierra en la que se halla. Es un reencontrarse. Es viajar a este paraíso para colmarse de energías, para reflexionar y sanar de heridas mortales. 

Xánath nos muestra un poco más de esa comunión de sentidos con su poema “El chinini”, en el que podemos relacionar la vista del árbol de chinini, árbol mesoamericano cuyos frutos son similares a los aguacates y son muy preciados en la zona de Veracruz, lugar de origen de nuestra autora. A ello se une el trinar de una oropéndola, un ave que también es típica de la región mesoamericana. El aroma del pachuli humeando termina por decorar no solo la idea de aquel espacio y momento placentero sino también presentarnos una copa de poción mágica sobre la mesa, plasmada sobre la hoja escrita de la poeta. 

Parte de ese proceso regenerativo es el poema “Respiración”, entendiéndose como el aprender a vivir apreciando cada instante. Una suerte de carpe diem enfatizando el disfrute intenso de cada instante de vida y de naturaleza. El final de aquel poema se resume en “Pasión sin dolor efímera respiración”. La vida en la visión del poeta, así como esa respiración efímera implica también un momento, una sílaba, una imagen, sinestesias hermosas que la poeta nos presenta en “el soplo de acuática melodía”, en las jacarandas, en el trascurrir de la vida de las flores, cuyos pétalos van cayendo en un pozo, y el anochecer invernal en forma de aleteos de aves. 

En “Se extiende en las manos” se enfatiza lo táctil, la absorción del agua del amanecer, el abrazar en la noche y el encanto sutil. El sentir del frío en el alba. Ese sentir es vivir, es parte de la sílaba melódica, de la respiración efímera, por lo tanto, el dolor es reprimir las emociones o como refiere la voz poética, es “morir en vida”. La poeta busca claridad y lucidez ante la pregunta de lo que significa vivir con ganas y felicidad. La respuesta está en las dos líneas al final: “Morir junto a ti” siendo consecuente con la idea secuencial que se va dando en el orden de los poemas, esa respiración efímera, ese instante de disfrute se comparte y se vive intensa y libremente. 

En “Palabra que se crea”, gusta mucho la idea de la poesía como inspiración o “corriente eléctrica” que es parte de ese instante. La poesía es la luz en la oscuridad, es el soplo o aliento divino que nos inspira y nos hace pequeños creadores de vida. Al crear, nuestra obra queda plasmada y perenne, y adquiere vida; así en “Subsuelo” nuestra inspiración se materializa en tinta que se plasma en las páginas y perduran, haciendo que la respiración efímera, el instante, la vida, queden enraizados en el papel y en la memoria. El proceso de poder ingerir la naturaleza que se observa es terapia que ayuda a fluir la lluvia del corazón y a alimentar el espíritu. Las “hortensias” a las que se refiere la poeta son aquellas flores o imágenes bellas que han limpiado el corazón herido. La lluvia cesa y el alma se purifica, la energía crece y hierve como lo podemos notar en “El ojo de agua”. La consecuencia es que la misma naturaleza regeneradora limpia el espíritu y aleja los miedos que pueda haber en la superficie. 

En cuanto a la sección de Las planicies, en el poema “Una luz verde”, entre los elementos melódicos y plásticos, la voz poética se pregunta sobre la felicidad. Es un intervalo donde la respuesta parece ser una luz verde en el crepúsculo, que abriga el corazón y derrite el hielo. 

Vemos que el tema onírico toma mayor protagonismo en estos poemas y en los que la noche es propicio lienzo para delinear imágenes o sueños en capítulos. 

En “El fondo lunar”, la poeta nos extiende un deseo de recuperar un mundo mejor enfatizando la esperanza de la alegría con la cual la naturaleza de la tierra brille nuevamente en “flores desbordadas de color” y “cascadas de luz” o en el canto de las rocas al contacto del agua. Hay un deseo profundo de que los sueños de un planeta mejor se concreten. Asimismo, notamos incertidumbre y miedos ante lo que pueda venir en el camino de la narradora. Sin embargo, el resplandor que se menciona parece adquirir un valor de esperanza, como la oportunidad de renovarse. Serán quizá las voces ancestrales de las que habla la autora en “Otro lugar”; y que hacen que se mantenga el “Corazón de jade”, apasionado, vivo en el centro del cuerpo a pesar de la frialdad ‘calcinante’ del invierno. La naturaleza se personifica, toma cuerpo quien la siente y anhela libertad, abundancia y amor. Se torna en una espera que llegará a su fin en el momento justo y que el sonido de la serpiente de cascabel representa el paso del tiempo, la memoria y el origen. 

Estos símbolos son producto del proceso de la escritura y la creación, son poesía que se origina del interior y que inspiran a la voz poética recordar su pasado para encontrar una luz de sosiego. 

En el poema “Las planicies” se puede ver la idea del origen del lugar, la influencia indígena, lo gélido del tiempo en invierno y la combinación de “danza y melodía” que como en una ceremonia ritual se invocan a las voces divinas, se contempla la faz de la luna y se vuela al silbido del viento. 

La naturaleza, lo onírico y la memoria del pasado tienen un rol preponderante en la mayoría de los poemas de esta sección, y presenta la vida en constante lucha con la nieve y los tornados, entre la muerte del espíritu y la chispa de la creación de vida en el proceso de la escritura o la poesía como lo podemos ver en poemas como “Cálida luz de las gotas”, “Tornado de recuerdos”, “La pluma” y “Luna de invierno”. El proceso creativo de la poesía disipa los miedos, que se transforman en recuerdos en blanco y negro. Los miedos son “el jaguar onírico” que la voz poética menciona en “Luz artificial”, poema final de esta sección. 

En la última sección, Puntuación aleatoria, se comienza con lo simbólico del paisaje, el azul de las flores, del cielo y del lago que dan color al frío matutino, en el que las aves danzan entre el aire y el agua. Lo que los miedos a la incertidumbre eran uno de los elementos de la sección previa, en la última sección, la esperanza es “la fiel compañera” que acompaña en el tiempo efímero de la vida, como el barro que se deshace fácilmente. Cada elemento de la naturaleza produce ilusión, el río es el vehículo de las pasiones y siempre tendrá un resplandor como “las líneas doradas” en “Al otro lado del río”. Ese resplandor dorado representa la esperanza, la luz al final del camino que recompensa la constante lucha contra la oscuridad del mundo, los miedos humanos, la incertidumbre del tiempo que se nos escapa de las manos y sin embargo extendemos nuestros dedos hacia la naturaleza que siempre está viva para sentir que existimos y para reconectarnos con ella. 

Un poema que establece un pequeño alto y es representativo en esta sección es “En el jardín”. Además de ser un tributo a la poeta Emily Dickinson, revela elementos que son características importantes de la poesía de la poeta americana nacida en Amherst, Massachusetts, y con los cuales Caraza se identifica, como son la puntuación aleatoria, lo no convencional, el comportamiento azaroso y misterioso de la naturaleza, la eternidad, y el aislamiento de la autora para dirigirse al mundo desde su jardín, aquel paraíso de bosques, mariposas, aves y sinfonía constante. 

En esta sección se escucha hablar a los arces, y nos llevan a imaginar los secretos de los bosques, nos hace pensar en su sacrificio al ser cortados en beneficio de la humanidad y nos transmite el deseo de la voz poética de querer formar un solo ser con la naturaleza, buscando un nuevo amanecer primaveral, después que “La hora azul” se haya ido. El deseo de la poeta se ve materializado en “Ventanas de felicidad”, en las cuales tenemos imágenes simultáneas de las buenas noticias como “un libro terminado, la noticia de un viaje, alguien que recuerda [los versos de la poeta]” y la celebración de la naturaleza reflejada en el sol que brilla y los animales salvajes asoleándose con la poeta. Finalmente llega la primavera en lluvia, en el sol que titila, en el caprichoso vuelo de las gaviotas, en el misterio y comportamiento aleatorio de la naturaleza, de la creación y de la poesía misma. La inspiración motiva el soplo de vida cuyo origen es divino y se plasma en lo natural y lo humano fluyendo como el agua, que brota del subsuelo y que irónicamente nace de la oscuridad, ya sea del día o de la noche o de los mismos miedos y dudas humanas.

Para concluir, Ejercicio en la oscuridad de Xánath Caraza es un viaje que muestra imágenes vivas, que se convierten en luminosidad para el espíritu, la plasticidad de sus versos lleva al lector a lugares en los que otros no lo pueden alcanzar porque la naturaleza entra en armonía e intimidad con uno mismo y disipa las dudas y miedos. Es una unidad, tiene secuencia, el proceso de la creación poética es una terapia en busca de respuestas y es regenerador del alma que comparte sus emociones con la naturaleza formándose un todo, sin importar los diferentes climas o geografías. Es la creación del instante y vivir ese momento valorando lo que está a nuestro alrededor. Ejercicio en la oscuridad busca la felicidad de vivir, de escribir y de existir. Disfruté del resumen esencial de los pequeños versos al final de cada poema, de los recursos que representan la naturaleza tal cual, con aleatoriedad aparente y que sin embargo es su propio orden. Asimismo, disfruté de lo sensorial del poemario, de las sinestesias y las referencias al pasado indígena, la naturaleza mesoamericana y norteamericana y el comportamiento de su naturaleza. Fue un gran viaje y aunque es un instante efímero de vida, aquella sinfonía de viento, agua, tierra y fuego queda tatuada en el alma de quien escribe esta reseña. 


Álvaro Torres-Calderón es Abogado peruano y Profesor Asociado del Departamento de Español de University of North Georgia. Ha participado en la publicación de Alejo Carpentier ante la crítica, Caracas: Monte Ávila 2005, con el artículo “Alejo Carpentier y el hombre fronterizo: una constante en el Reino de este mundo”, Publicó «Nación, identidad y frontera en la prosa de Clorinda Matto de Turner» en Tinta Expresa (2015). Publicó su poemario «Claroscuro,» en Lima, 2010 y la versión en español/inglés en Chicago, 2014. Considerado en dos antologías poéticas en España y Rumanía. Tiene poemas traducidos al rumano y poemas publicados en inglés para Stonepile Writer’s Anthology con la University of North Georgia Press así como poemas, artículos y entrevistas en revistas y páginas digitales norteamericanas, latinoamericanas y españolas. En 2018 ha publicado su libro Mujer, nación y progreso en el discurso del exilio de Clorinda Matto de Turner y Juana Manuela Gorriti. Sus temas de investigación abarcan diferentes áreas entre los cuales se encuentran el género, la identidad, la nación, las fronteras y el poder.