Entrevista con la poeta mexicana Mariana Bernárdez

Conversamos con la poeta mexicana Mariana Bernárdez sobre su vocación poética, su experiencia en la creación de sus poemas y más.

Sobre Mariana Bernárdez:

Nació en la ciudad de México el 25 de diciembre de 1964. Poeta. Estudió ciencias de la comunicación en la Universidad Anáhuac y realizó la maestría en letras modernas, el doctorado y la maestría en filosofía en la Universidad Iberoamericana. Colaboradora de Altertexto, Biblioteca de México, Casa del Tiempo, Castálida, Cantera Verde, Expansión, La Jornada Semanal, Personal Computing México, Periódico de Poesía, Signos filosóficos, Revista de la Universidad de México, entre otros. Cuenta con más de una veintena de libros de poesía y ensayo.

Foto: Claudia Nierman

¿En qué momento descubrió su vocación poética –qué la detonó la escritura de ésta-, y qué significó para usted?

Tuve la fortuna de crecer en una casa familiar donde había libros; mis padres, ambos, fueron ávidos lectores y eso me permitió desde edad temprana acceder a otras formas de estar en la vida. Quizá lo que provocó una conciencia plena sobre lo que hacía la poesía con uno fue al escuchar a Rafael Alberti recitar su Canción 8, tenía 11 años, no lo olvidaré jamás… “Hoy las nubes me trajeron,/ volando el mapa de España./ ¡Qué pequeño sobre el río,/ y qué grande sobre el pasto/la sombra que proyectaba!//”. Lo demás, ese otro tanto que va mostrando su travesía, viene con los años y con la fidelidad que se le tenga. Hay años de silencio germinal que cuestan al principio aceptarlos porque siempre se quisiera estar sobre las ramas en alto trino, pero antes se debe andar a ras de suelo, entre las raíces.

 

¿Cómo vive Mariana Bernárdez la experiencia (antes y después) de escribir un poema?

La vivencia de la experiencia poética nunca es común, con ello quiero expresar que el poema brota de la maravilla de la singularidad; lo que arroba es la contradicción, la aporía, la tensión irresuelta de la oposición, el no.espacio…, el poema ocurre, como sucede el día, como se abisma la vida. El poema es una grieta por donde se ve. ¿Qué hay después del poema?, San Juan de la Cruz diría que un no saber no sabiendo, Zambrano un saber sentiente¸ Xirau un sentido de la presencia, expresiones metafóricas que buscan expresar lo inapresable, pero lo evidente es el trazo, el poema como evidencia de lo vivido.

 

¿A qué elementos evocadores responde su obra poética?

No lo sé de cierto; habría que señalar las constelaciones simbólicas que van construyendo el sustrato metafórico como componente esencial de la poesía. La ductilidad de ese sustrato permite la transformación e identidad simultánea de los elementos que lo conforman, retomo un ejemplo de Murena en La metáfora y lo sagrado donde explica cómo se construye una metáfora poniendo como ejemplo un verso de La Iliada “Aquiles es un león”, lo que significa que un león es Aquiles…, este trasvase se logra por la tensión que se crea entre los elementos que se ponen en juego, la tensión genera un espacio necesario para que los sentidos de uno y otro se deslicen entre sus orillas, ello provoca una multiplicidad de significados y sentido. Francois Cheng en 5 meditaciones sobre la belleza habla de cómo este mecanismo se basa en el quiasmo…, ¿elementos evocadores?, la evocación siempre huele a pasado, y hay que recordar a Paco Ibáñez cuando canta a Gabriel Celaya la poesía es un arma cargada de futuro.

 

¿A quién busca encontrar su poesía?

No hay un quién. Hay un hueco. Hay una desujeción de la conciencia con el fin de que el pensamiento se desdoble y se desprenda de los referentes cotidianos para despertar y aguzar los sentidos, y aventure la experiencia fronteriza. Lo que aprehenda en esa verticalidad puede o no devenir en palabra. La experiencia poética no necesariamente adquiere la forma del poema. Se trata de un fulgor y del reverberar que queda, de esa huella de arena que se pierde finalmente en el desierto. Recuerdo que en Maritain leí, y me tomo la licencia de parafrasear a sabiendas de mi terrible memoria, que la crisis de nuestro tiempo no obedecía a la fractura del pensamiento sino a haber perdido nuestra capacidad poética… ¿Quizá lo que se aventura sea encontrar a la poesía?, ¿será posible?, y de encontrarla, ¿cómo no recordar el poema, Ana Ajmátova “La musa”[1]?

 

¿La poesía es por naturaleza libre y por ello debe aceptarse cualquier tipo de licencia a la hora de escribir un poema (más allá del verso libre) como la experimentación, el ejercicio lúdico que toma elementos actuales como los emoticonos, etcétera o, por el contrario, debe seguir ciertos lineamientos propios de la retórica tradicional?

El problema no es la retórica, la exploración, el juego, el atrevimiento, sino el olvido de que toda poesía verdadera es una ética.

 

Las nuevas tecnologías trajeron nuevas plataformas y medios para publicar obras, todo se ha vuelto accesible para casi cualquier persona que navegue por internet, ¿esto de alguna forma perjudica o beneficia a los poetas?; es decir, ¿al poeta le resulta (no en términos económicos) mucho mejor la idea de migrar a lo digital o crees que seguirá intentando publicar en papel?

Nací el siglo pasado, me fascina el carácter del libro de papel, su olor, su textura, el diseño de la caja, la tipografía, las formas de encuadernación…, lo que no significa que no acepte que haya otras plataformas de divulgación, la pregunta sería si la habilidad desarrollada para “cernir” información en internet implica la complejidad que habita la lectura. De la piedra a la tablilla, al pergamino…, lo que importa es la memoria fértil, la que lleva a que escribir y leer sean las caras de una misma moneda.

 

¿El poeta cumple una función en la sociedad; es decir, hasta dónde llega su importancia?

Mucho se ha escrito sobre el tema, la pregunta que me hago es si no deberíamos plantearnos, no la importancia, sino la urgencia de su actuación para devolverle al lenguaje su sentido y su peso. La palabra gravita.

 

Desde su perspectiva, ¿cuál es la salud actual de la cultura mexicana?

Cuando dice “perspectiva” pienso en el perspectivismo de Ortega y Gasset, en este yo que ha de salvar forzosamente su circunstancia…, si la salud es poca, imagine… pero como es poca, no hay imaginación que salve; pero más allá de ese fatalismo que aqueja los tiempos que corren, diría que la enfermedad no es mortal y que la fiebre, si poca o mucha, habrá de pasar, que de no pasar entonces podría matar al enfermo y eso es algo que no se habrá de permitir. Algo siempre se resguarda para sobrellevar el temporal o la sequía.

 

¿En qué nuevos proyectos está trabajando actualmente?

Me interesan los diversos mecanismos que habitan la memoria, lo que hay detrás de lo emergente, aquello que la articula y que genera estas islas afectivas a las que se recurre obstinadamente para configurar una historia vital. Me interesa cómo el símbolo es su abrevadero y que cuando se va perdiendo la capacidad de recordación y rememoración, el símbolo permanece a manera de tierra firme en la expresión metafórica. Diría que si el olvido le gana la partida al pensamiento, la conciencia se alumbra en el rumor del verso.

[1] Traducción de María Teresa de León. “La musa” Cuando en la noche oscura espero su llegada,// Se me antoja que todo pende de un hilo.// ¿Qué valen los honores, la libertad incluso, cuando ella acude presta y toca el caramillo?// Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo// Y se me queda mirando larga y fijamente.// Yo digo: “¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?”// Y ella responde: “Yo soy aquella.”, en http://trianarts.com/anna-ajmatova-la-musa/#sthash.evAHBDSg.dpuf