Ensayo «Javier Payeras: habitar la identidad» por Génesis Ramos

“somos los escombros

somos la herencia

somos la posguerra”.

 

El año de 1996 en Guatemala es un parteaguas en la historia del país, ya que en esa fecha se celebró la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Álvaro Arzú y la guerrilla. Pero la firma sólo puso fin al conflicto armado interno que se fue acarreando durante 36 años, lamentablemente los conflictos sociales como la corrupción, la pobreza, la inseguridad, el desempleo, cada vez fueron aumentando.

Estas décadas de silencio en Guatemala dejaron rastro de miles de muertos y desaparecidos, por los cuales nadie respondió ni ha respondido. Entre estos desaparecidos, se encontraban algunos escritores e intelectuales que militaron en las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), como fue el caso de Otto René Castillo y Alaíde Foppa, que fue desaparecida porque sus hijos militaban en el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). Y otros que simplemente por expresar sus ideas fueron perseguidos y desaparecidos, como Luis de Lión; estos autores pertenecieron a la Generación Comprometida de Guatemala.

Y es precisamente durante 1996, y como reacción ante el sistema y las acciones que se estaban gestando, que surge en la capital específicamente en una casa alquilada de la zona 1 -Casa Bizarra-, un grupo de jóvenes artistas que habían vivido los últimos años de guerra y ahora serían testigos de la transición hacia la paz. Este grupo llevaría a cabo performances, lecturas periódicas de poesía y la publicación artesanal de varios libros, que irían de la mano con el trabajo editorial manufacturado por los mismos artistas Mundo Bizarro. Simón Pedroza y Javier Payeras se posicionaron como dos de los organizadores de dicho movimiento, y fue en una lectura de Casa Bizarra donde Payeras conoció a Estuardo Prado y Maurice Echeverría. Este encuentro tiene particular relevancia, porque de aquí se formaría lo que tiempo después se conocería como la Editorial X, que rompería con la línea de continuidad literaria que venía desde Asturias. Según Payeras, la propuesta de La X fue desde el inicio darle paso a referentes literarios, muy, pero muy lejanos del Boom y de la ad/monición decimonónica que prevalecía por ese entonces. (Payeras, 2017:49)

Estos autores se acercaron sin ningún inconveniente a tratar temas relativos al desenfreno sexual, el alcoholismo y las drogas, y a reflejar el constante desencanto de su generación. Fue precisamente por esta razón que los escasos intelectuales que entendieron y apoyaron las ideas gestadas en La X, como: Sergio Valdés Pedroni, Mario Monteforte Toledo, Rosina Cazali, entre otros. Los denominaron la Generación del Desencanto.1 Al inicio los textos de la Editorial X empezaron a circular en forma de fanzine, anterior a La X fue la revista Anomia que circulaban en hojas papel bond engrapadas. La revista Anomia era dirigida por Prado en la Universidad Rafael Landívar, en una de esas ediciones aparece el Manifiesto de la Editorial X:

La editorial X estará dedicada a publicar obras de personas desconocidas que a pesar de no mostrar ningún apego a las normas académicas, muestre alguna innovación extraña, sin importar que tan extraña sea o que caiga entre lo patológico; puesto que lo enfermizo en la literatura es nuestro deleite. 2

Sería el año de 1998 el decisivo, porque marcaría la aparición formal de la Editorial X, y a finales de este se publicaría La Hora de la Rabia, el primer libro de Javier Payeras en esta editorial y que se analizará en este ensayo.

Así, la Editorial X publicó varios títulos de Estuardo Prado, Maurice Echeverría, Ronald Flores, Francisco Alejandro Méndez, Byron Quiñónez, Jacinta Escudos, Julio Calvo y Javier Payeras.

 

Poemas visuales

Una de las características creativas que definió a los autores de finales del siglo XX fue unificar la poesía en un lenguaje gráfico y de manera concisa, y Payeras lo hizo en dos ocasiones, la primera en un libro colectivo titulado Terrorismo moral y Ético, y luego en la Hora de la Rabia. Pero estas ideas tienen sus rasgos en la “poesía beat”, esencialmente en Allen Gisberg y el poemario Reality Sandwiches, como el mismo Payeras admite que fue el despertar de su creatividad, junto a Basquiat y la idea de mezclar grafiti o diseños en la poesía. Y si nos remontamos más atrás los ultraístas y futuristas, ya habían experimentado con el concepto de la percepción, partiendo de los siguientes elementos: la metáfora, la velocidad de imágenes, y la supresión de signos de puntuación. Esta recurrencia también se hace presente en los caligramas de Huidobro, donde hay textos que enfatizan su concentración en la página, y otros que se caracterizan por su dispersión en la misma3. De esta forma los juegos gráficos facilitan y sugieren una nueva dinámica entre el lector y el poeta. Huidobro ensayó una diversidad de formas caligramáticas, que enriquecieron el género de estos «poemas visuales».

Así vemos notables todos estos elementos en La Hora de la Rabia.

 

  1. La Región más Invisible. Editorial Cultura. Guatemala. 2017. Javier Payeras. Pág. 51
  2. Manifiesto de la Editorial X. (2006) Recuperado de: http://ronaldflores.com/

 

La Hora de la Rabia

El final del conflicto armado interno produjo una búsqueda de identidad, los años de transición que surgieron tras la firma de la paz fueron de incertidumbre y esto se deja ver en los primeros textos producidos por Payeras. El poemario La Hora de la Rabia es un viaje y un acercamiento a la ciudad, una contestación notoria en el lenguaje urbano y cotidiano de pequeños fragmentos que aluden al dolor y que cobran mayor importancia por la sonoridad, acompañada por las ilustraciones que contiene. Una poesía fragmentaria, que pone fin a la acostumbrada antes del siglo.

La Hora de la rabia es un acercamiento a la Guatemala de finales de 1990. Un acercamiento que el poeta nos invita a hacer en solitario, porque a pesar que el autor estuvo involucrado en cada contexto social y cultural de la época, es necesario destacar como rasgo fundamental la producción individual del artista. Ese camino, su recorrido urbano, por el que lo acompañamos junto a su fastidio es puramente individual. La recurrencia la mantiene el Yo poético, al perder por completo su estado de seguridad emocional, transmitiéndole al lector esa misma inseguridad: “Donde no existen semáforos/ solamente fantasmas y lluvia,/ le bastó una noche/ para expulsar todo lo blanco/ de mis ojos”. Este estado emocional es acompañado por la deconstrucción a través de la palabra en cada verso, las imágenes recurrentes tremendistas y surreales precedidas por la metáfora, las preguntas y la interacción diálogo-lector. Estos aspectos encierran el poema visual en el cual se envuelve dicho poemario. Partiendo de estos planteamientos podemos definir el Yo poético como personaje-ciudad, Payeras (2017) toma como referencia a las poéticas que abanderaron los movimientos culturales de finales de siglo, para él, el espacio transitable y cargado de simbologías que refieren de inmediato a un carácter de los espacios urbanos donde se designa la resistencia, sumado a un ambiente underground y de tribus urbanas como el rock o el arte experimental, dan vida al personaje-ciudad en la literatura guatemalteca4. Esta idea la reflejaría primero el performance, pero la deconstrucción del Yo póetico también habita en la poesía/poesía-ciudad. Se deconstruye en ella, en un intento por encontrarse en la queja, en el fastidio de la época y de la historia, de las situaciones que lo habitan, es por lo tanto como el mismo autor lo plantea: “Una calle inmensa/ creció en mí/ vapuleada,/ violada,/ vencida”.

Es necesario partir de la deconstrucción individual, para luego establecer una identidad nacional, así lo plantea Cortés (2010).

La identidad, dice Cortés, se puede perder y luego reconstruir, la identidad no es algo estático y por lo mismo es demasiado difícil que sea colectiva. Lo que propone Cortés, luego de un discurso de Joaquín Villalobos ex comandante guerrillero, donde este proponía salir a buscar la identidad, ya que argumentaba que el no tener una, hacía que en El Salvador aumentaran los hechos delictivos. Las relaciones que hace Cortés luego de este discurso son bastante comparables con la sociedad Guatemalteca, si bien es ridículo salir a buscar una identidad y tratar de obtenerla de un día o un año para otro, es importante recalcar que esa identidad tan mencionada por políticos, etc. en discursos, solo se logra obtener justamente como ellos la vedan, a través de la historia y aceptando nuestras diferencias culturales y etnolingüísticas. La identidad como deconstrucción de la historia, es una idea reflejada en la Hora de la Rabia de Payeras, el individuo por sí solo sale a buscar esa identidad anulada, luego de 36 años de conflicto armado, la busca constantemente y con dolor la acepta: “(somos) la España equivocada”. Ese tedio reflejado en los textos es la búsqueda constante que se construye partiendo del individuo, la búsqueda en solitario al inicio y que luego puede llegar a ser colectiva.

Es entonces el individuo quien se posiciona en esta nueva etapa como el héroe trágico, tras develar la visión trágica del contexto que habita. En una clase social que lo ha perdido todo o que está en transición, siempre existirá la tendencia a desarrollar este tipo de visión, ver la vida como tragedia. La visión trágica es esta donde el hombre se niega a vivir en la sociedad que le ha tocado, puesto que no lo comprenden. Niega toda posibilidad de reconciliación entre él y la sociedad4. Y estas actitudes serían recurrentes en la poesía de la Generación X, en este poemario de Payeras vemos la constante del hombre que se niega a ir a trabajar por recibir un salario mínimo, el hombre incomprendido el artista. El dolor del siglo que se habita, de la época que existe, el dolor… es constante, pero al final el héroe trágico debe seguir su rumbo porque no se atreve a moverse a abandonar su sitio.

Así como se posiciona el héroe trágico en diferentes contextos y épocas, también mutan las diferentes formas de hacer literatura. Actualmente la novela ha plasmado en la modernidad su concepción de la vida; en su momento lo hicieron la tragedia y la epopeya, estas reflejaron las visiones de las sociedades. Es necesario entender que las formas de la literatura cambian, así como se adapta y cambia el ser humano, que necesita y crea nuevas formas de expresarse. Y esta particularidad también se reflejó en Guatemala a final de siglo y aún en la actualidad la poesía no se rige por un movimiento estético, lo que se empezó a gestar desde finales de los años noventa fue un grupo de escritores que optaron por rechazar y confrontar los ideales estéticos de las décadas anteriores, y con su innovación de expresión han seguido marcando a autores emergentes en esta nueva década.

 

  1. Huidobro y la creación textual: fundamento rítmico de los caligramas. Claudio A. Vásquez. (1999) Universidad de estudios extranjeros. Pág. 3-4.
  2. La Región más Invisible. Editorial Cultura. Guatemala. 2017. Javier Payeras. Pág. 59,60.

 

 

Bibliografía

 

Referencias