Ensayo: «Género, feminismo y violencia: La ficción como lugar de enunciación en México» por Ricardo D. Aguirre Garza

Dentro de las humanidades suele decirse que la cultura lo es todo: actitudes, pensamientos, tradiciones, etc., pero al ser todo es difícil poder describirlo, sin embargo existen desde hace tiempo una serie de estudios, transdisciplinarios, que buscar reflexionar sobre lo que hace la cultura y sus consecuencias.

Los estudios culturales nacen por una necesidad de estudiar, a fondo, el contexto donde vivimos y las relaciones que se tienen con dicho espacio y con quienes lo gobiernan. La naturaleza de dicho estudio obliga a que se tomen diferentes metodologías de diferentes disciplinas para estudiar al humano y sus relaciones; pues la finalidad de las materias que apoyan con su herramienta de investigación buscan entender qué somos.

La sociedad es un complejo sistema de seres que interactúan entre sí, creando un entramado de relaciones, movimientos y percepciones sobre dichos tejidos personajes. Uno de los temas más complejos sobre el engranaje social es la violencia, y más específicamente la violencia que suele dividirse en diferentes sectores, siendo uno de ellos la violencia de género.

Antes de entrar en la temática de la violencia, debemos comprender bien a qué refiere el término género. Existen muchos conceptos y campos que abarca dicha palabra, pero podemos englobarla con las palabras de la teórica Maricruz Castro Ricalde:

Este término (“género”) tiende a presentarse como el par complementario de “sexo”,        el cual se vincularía con las diferencias biológicas que distinguen al hombre de la           mujer y aquél se remitiría al ámbito de la cultura, pues aludiría a rasgos construidos     socialmente.  (Género, 2009, pág. 112)

La violencia de género se puede entender como un acto de agresión en contra de algún individuo por su identificación sexual o apariencia, generalmente este tipo de violencia se dirige a las mujeres por el hecho mismo de ser mujeres, aunque no se descarta la agresión hacia cualquier individuo que se identifique dentro de la comunidad LGBTQ o con algunas características similares. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2006, existen cuatro tipos de violencia:

Es importante observar que este tipo de violencia se genera por una falsa idea cultural sobre las relaciones de poder, en donde el hombre está por encima de la mujer. Una idea similar plantea Judith Butler en su libro Bodies that Matter donde se cuestiona que si el género es una construcción basada en la exclusión del Otro, ¿lo es también el cuerpo? Ella misma se responde afirmativamente centrando el análisis como una realidad filtrada a través de un discurso.

Debemos poner especial énfasis en esas relaciones de poder que se presentan dentro de la violencia de género, pues no es gratuita su aparición. Se presentan como un orden natural de las cosas como su nombre lo indica, una normalidad en las relaciones sociales; un ejemplo sería la falsa normalidad del sexo fuerte y el sexo débil. Se presentan de esta manera por un cierto tipo de construcción social que se ha ido generando a través de los siglos, en donde círculos de poder económico, religioso, político y social intervienen de manera directa.

Otro ejemplo de ese supuesto orden natural son los roles de género, donde el hombre solo trabaja y la mujer solo es ama de casa, y de ahí no puede salir. Ese tipo de pensamientos, y reproducción del mismo, se presenta como una forma de violencia, una violencia culturalmente impuesta en donde, quien no se toma el tiempo de reflexionar sobre dicho tema, puede que no lo observe y le parezca algo sumamente normal.

Otra forma de comprender las relaciones de poder es acudiendo a Michel Foucault, quien realizó algunos estudios sobre el tema del poder, observa que existen dos relaciones: 1) Contrato que estable opresión, ya sea de tipo jurídico, con fundamentos de legitimidad o ilegitimidad del poder y 2) Dominación que establece una represión, una sumisión. Es de esta manera que se reproduce las relaciones para que el estado pueda seguir con su funcionamiento:

El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado         funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al      niño relaciones de dominación bien específicas que tienen su configuración propia y      su relativa autonomía. (Foucault, 1985, par. 14)

La constante reproducción de las representaciones de poder entre los individuos se puede observar desde diferentes perspectivas y una de ellas es la literatura. El texto que tomaremos para ejemplificar la violencia de género se titula “El huésped”, de la escritora zacatecana Amparo Dávila (1928), cuyo cuento se publica por primera vez en 1959 en el libro Tiempo destrozado, posteriormente se convierte en uno de los textos más representativos de la autora; y “Cuarta Vigilia”, de la escritora chiapaneca Rosario Castellanos (1925-1974).

A grandes rasgos el primer texto narra, desde la perspectiva de la ama de casa, cuando su esposo lleva a vivir a la casa a un ser que ella nombra como “lúgubre, siniestro”, un ser que atemoriza a todos los habitantes menos al marido quien “gozaba teniéndolo allí”. Posteriormente esa entidad empieza a tener comportamientos agresivos al grado de golpear y rasguñar al hijo de Guadalupe, la señora que limpiaba la casa, junto a la narradora. Un día el esposo comenta que se irá de viaje y las dos madres idean un plan para matar al monstruo. Lo encierran en el cuarto que le asignaron hasta que muere, regresa el marido y le dan la noticia.

El segundo texto empieza con la niña Nides quien, asustada por los carrancistas, busca enterrar el cofre que le heredó la abuela Siomara. Poco a poco se va contando la relación de estos dos personajes, cómo la abuela solía enseñarle a alabar el dinero, sin más; no existía la necesidad de enseñar algún oficio ni nada por el estilo. Las otras primas de Nides también heredan un cofre cada uno, pero más pequeño, pues la abuela consentía mucho a Nides. Al final ella se entierra junto al cofre y el cadáver de un chamula para que nadie le quite su fortuna.

Al realizar una lectura hermenéutica de los textos es posible encontrar algunos indicios que nos apuntan hacia una denuncia del machismo, la violencia injustificada, completo desapego por la familia, etc., pero son estas lecturas las que nos ayudan a comprender la denuncia que realiza la autora.

Por ejemplo en “El huésped” nunca se dice el nombre del esposo, como una especie de ninguneo por violencia; mientras que en “Cuarta Vigilia” aparece desde el principio que quienes imparten la violencia son los carrancistas.

Es posible percibir que el primer cuento es de índole fantástica pero eso no lo hace menos importante en lo que refiere a la denuncia de la violencia, por el contrario, la metáfora que emplea la escritora sirve como un elemento más para señalar y enunciar los casos de violencia, desde otra perspectiva.

El segundo cuento se presenta como un de tantas historias de la revolución, pero el simple hecho de narrar desde ese espacio histórico tiene una fuerte puntualización a que el movimiento armado solo generó conflictos sociales y económicos.

Para lograr una comprensión mayor del texto, la violencia y las relaciones de poder se compararán las tipos de violencia propuestos por el ENDIREH dentro de los textos y su relación con las reproducciones de poder. Es necesario observar que, desde el principio de “El huésped”, se presenta un elemento de violencia, una especie de cosificación o ninguneo que es necesario percibir:

Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso        de un viaje.

Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no         era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se       acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresión.      (Dávila, 1958, pág. 19)

Observamos factores que nos apuntan la ideología del marido, o la jerarquía que él cree poseer, como al traer esa cosa al regreso de un viaje, sin una consulta previa con la esposa, solo por gusto propio. De igual forma se presenta la infelicidad que sufre la narradora en la relación y lo siguiente es un punto alarmante, la esposa, mujer, solamente está ahí como un objeto de adorno, que a veces se suele utilizar, pero cuando no, solamente está ahí, “en determinado sitio” que sería el hogar; aceptando que ella está “condenada” a los roles de género. Inclusive más delante se fortifica este falso orden natural de las cosas, ella como ama de casa debe mantener en orden la gran casona, alimentar a la familia, vestirla, acostarla, entretenerla y estar al tanto del jardín central, todo eso lo describe como “mi diaria ocupación de la mañana, una tarea dura”.

Al reparar en “Cuarta vigilia” percibimos que Doña Siomara y las primas, solo aparecen como personas exclusivas para el hogar; las educaba a base del poder económico, como objetos:

—Si alguno te busca —le decía la abuela—, que vaya sobre seguro y no después se         llame a engaño. Además de que vos tenés con qué toser fuerte aquí y en cualquier parte. Porque uno de estos cofres, el más grande, va a ser tuyo.

(Castellanos, 2016, pág. 284)

Se muestra como primer foco de violencia dentro del texto, pero si ese tipo de elementos los trasladamos a las figuras de poder, sería ejemplificar lo que sucede en el país, una toma de decisiones por parte del Estado sin cuestionar al pueblo, donde generalmente son elecciones que afectan directamente a la sociedad. Pero para los altos mandos no les interesa responder como responde el marido en el cuento “Te acostumbrarás a su compañía y, si no lo consigues…” Una clara amenaza que se vincula con la violencia psicológica.

Con respecto a la primera clasificación, la violencia física, dentro del primer texto encontramos lo siguiente:

Guadalupe había salido a la compra y dejó al pequeño Martín dormido en un cajón          donde lo acostaba durante el día. Fui a verlo varias veces, dormía tranquilo. Era           cerca del mediodía. Estaba peinando a mis niños cuando oí el llanto del pequeño            mezclado con extraños gritos. Cuando llegué al cuarto lo encontré golpeando       cruelmente al niño. (Dávila, 1958, pág. 21)

El acto violento contra un menor es muestra de una falsa creencia de supremacía sobre el niño, en este caso Martín. Según Maricruz Castro la virilidad es la capacidad de dominar, controlar, penetrar. En este caso observamos que se describe como una dominación del monstruo sobre el niño, es de igual manera en cuanto a relaciones de poder refieren.

En el segundo texto existe también un caso de violencia por parte de un grupo armado, hacia una persona de la tercera edad. El tipo de violencia que ejecutan es no procurar a la persona, en este caso a la presa: “Dicen que la vieja se estaba secando en la cárcel, que hasta el güegüecho se le veía chupado, como de jolote” (Castellanos, 2016, pág. 286).

El ciudadano está sometido a cierto tipo de agresiones por parte de la policía o alguna supuesta figura de autoridad, el simple hecho de estar cerca de un oficial o de un tránsito ya representa una inquietud para el ciudadano, quien está consciente de la violencia tanto física como psicológica que pueda realizar. De esta forma, el Estado, maneja la actitud de los ciudadanos.

Siguiendo con la violencia sexual es necesario comentar que dentro del primer texto no se manifiesta dicha acción, pero existe un acercamiento a ella (mientras que el segundo texto no tiene indicios de dicha violencia) y ocurre de la siguiente manera:

Una noche estuve despierta hasta cerca de las dos de la mañana, oyéndolo afuera…          Cuando desperté, lo vi junto a mi cama, mirándome con su mirada fija, penetrante…      Salté de la cama y le arrojé la lámpara de gasolina que dejaba encendida toda la           noche. No había luz eléctrica en aquel pueblo y no hubiera soportado quedarme a            oscuras, sabiendo que en cualquier momento… (Dávila, 1958, pág. 21)

El acoso está dentro de las características de violencia sexual, pues violenta la intimidad de la víctima de forma agresiva para conseguir algún tipo de placer. En la cita anterior observamos cómo la bestia acosa a la narradora observándola mientras duerme, invadiendo su espacio personal. La comparación que podemos realizar con respeto a los estudios culturales es la vigilia de cualquier tipo de acto social, donde los ciudadanos suelen estar observados, todo el tiempo, lo que los lleva a sentirse como presos, Foucault comenta lo siguiente:

La prisión no es un taller; es una máquina de la que los detenidos-obreros son a la vez los engranajes y los productos; la maquina los “ocupa” y esto “continuamente”,             así sea tan sólo con el fin de llenar su tiempo. […] el trabajo de la prisión tiene un   efecto económico, es al producir unos individuos mecanizados según las normas            generales de una sociedad industrial. (Foucault, 2002, pág. 138)

Esa relación entre estado/sociedad, hombre/mujer, es la que empieza a legitimizar los valores de violencia y agresión que beneficia solamente a una de las partes. En el cuento se nos narra que el marido “goza” teniendo al monstruo en casa, como una figura de dominación que domina a las dos mujeres, principalmente, pues los niños deben jugar bajo supervisión o encerrados en un cuarto.

El siguiente aspecto a tratar es la violencia emocional, que durante el texto encontramos constantemente y una de las representaciones más claras son los tres puntos suspensivos, que parecen indicar al lector una amenaza. Desde el principio se presentan dichos silencios violentos en donde el marido comenta que ella debe de acostumbrarse, sino y aparecen los tres puntos, como amenaza. Otro aspecto, que apunta a este tipo de violencia, es el no querer nombrar al ser por algún tipo de miedo, como aparece a continuación:

Guadalupe y yo nunca lo nombramos, nos parecía que al hacerlo cobraba realidad          aquel ser tenebroso. Siempre decíamos: “Allí está, ya salió, está durmiendo, él, él,   él…” (Dávila, 1958, pág. 20).

Esa forma de no nombrar se remonta a teorías lingüísticas de Christiane Makward, Hélène Cixous y Luce Irigaray, quienes describen al lenguaje de la mujer como: “abierto, no lineal, inacabado, fluido, desarticulado, fragmentado, polisémico…” (Baym, 1999). Al igual que Nina Baym. Pero es aquí donde la cuestión del no nombramiento entra en la teoría feminista, pues el “huésped” que llega a desintegrar el supuesto orden, es una metáfora del machismo, y al no tener palabras para describirlo, no existe. Pero cabe mencionar que el lenguaje utilizado por los personajes, es una lingüística creada por hombres, supuestamente racional, directo y correcto, mientras que el de las mujeres es como antes se mencionó. Es por eso que la narración, desde una voz femenina, relata desde la otredad masculina de la mujer.

Mientras que la manifestación de violencia emocional se puede observar en el personaje de la niña Nides, que desde el principio tiene un miedo a los carrancistas, y ese miedo está fundamentado en cómo dicho grupo armado es capaz de despojarla de todo bien material, pero es la manifestación de tanta violencia emocional la que se presenta al final:

¿Cómo iba a morir dejando desamparado el cofre?

En cambio ahora ya estaba en paz. En el fondo de un agujero, bajo el cadáver        desnucado de un chamula, reposaba su tesoro (Castellanos, 2016, pág. 288).

La violencia emocional está presente en las relaciones de poder más inclinada hacia el índole capital y de consumismo, que es donde podemos observar cómo existen discursos de mercadotecnia que se enfoca en el aspecto sentimental del consumidor, vendiendo la idea de que consumir el producto hará que se sienta mejor. Este tipo de discursos cabrían dentro de la teoría de la aguja hipotérmica o de la bala mágica, en donde el espectador automáticamente acepta cualquier idea que le sea transmitida a través de los medios de comunicación.

La última forma de violencia de género es la conocida cómo económica. Dentro de sus características también podría entrar la violencia hacia Martín, el hijo de Guadalupe, pero es importante abordar otros aspectos del cuento.

No sé si se enteró de que mi marido se había marchado, pero ese día despertó antes        de lo acostumbrado y se situó frente a mi cuarto. Guadalupe y su niño durmieron en mi cuarto y por primera vez pude cerrar la puerta (Dávila, 1958, pág. 21).

Una metáfora de la casa como el ser propio, la narradora se encuentra encerrada en una habitación y es desde ahí desde el pequeño rincón donde ya nadie la puede violentar pero sí “golpear la puerta”, desde donde las dos mujeres crean un plan para deshacerse del huésped. Este plan se formula cuando el esposo no está en la casa, porque ya saben cuál será su reacción.

También observamos que Castellanos denuncia dicha violencia a través de los carrancistas, los que a través de todo el cuento despojan de vida y bienes a las persona de ese pueblo y es gracias a ellos que la niña Nides pierde todo el patrimonio que le fue heredado:

El caso es que cuando se aplacó el vendaval nada había quedado en su sitio. Las   casas de doña Siomara estaban en poder de unos cualquiera y de los ranchos           desaparecieron todas las cabezas de ganado (Castellanos, 2016, pág. 286).

Elaine Showalter menciona en su texto La crítica feminista en el desierto, que la escritura feminista es un discurso a dos voces, en donde cabalga desde los procesos sociales del ser dominante hasta los del dominado. Al ser un discurso bivocal es capaz de leerse desde dos perspectivas, la historia “dominante” y la “silenciada” también denominado como un problema objeto-campo en el que se debe observar la doble visión. Un acercamiento podría ser el cronotopos bajtiniando, en donde la descripción del lugar representa al tiempo y viceversa, pero dentro de la teoría de Showalter, la importancia del objeto y el campo es su relación, no solamente cronotópica, sino su relación argumentativa, es decir, se unen para crear un macro-argumento que a través de la lectura profunda encontramos cómo está formada de esos dos micro-argumentos o micro-descripciones.

Ejemplificaré esta teoría con el cuento que estamos analizando: la narradora encerrada en un cuarto que está acechando el huésped; esto ocurre dentro de la casa (la casa como representación del sujeto), entonces la casona encierra al monstruo, que éste a la vez encierra a la narradora en un cuarto de la casona. Aquí se muestra como el campo está en un nivel inferior y en un nivel superior, con referente al objeto, quien se ejemplifica como el monstruo, o metafóricamente hablando el machismo.

La relación de los bloques que utiliza el estado para dominar al pueblo se pueden ver en esta última perspectiva, en donde se presenta la casa como una macro-estructura, controlada por el estado pero que en realidad pertenece al pueblo y la habitación de la narradora que es lo que la sociedad cree poseer y dentro están ellos. El monstruo es la interacción entre la estructura del poder y del pueblo, que intenta entrar, pero no lo hace, solo mantiene a las mujeres en un espacio reducido de la amplia casona, solo ahí tienen cierta “libertad”.

Este análisis de dos cuentos, de la narrativa completa de Amparo Dávila y Rosario Castellanos, es una condensación de cómo las mujeres ya cuestionaban los roles de género, y era la forma en que ellas denunciaban actos machistas a través de la creación literaria. Esta forma de crítica feminista, dentro del arte y de la sociedad, es un parteaguas para la historia del mundo, iniciando desde la deconstrucción derridiana, se empieza a escuchar la voz de los grupos hegemónicos, que por practicas falocentristas se aminoraban, presentando una visión diferente, de personas que eran empujadas a la periferia del logos por miedo a una destrucción del patriarcado, impuesto hace muchísimos siglos, pero que gracias al paso del tiempo, y la forma de cuestionarse, está quedando poco a poco obsoleto.

Aunque los cuentos “El huésped” y “Cuarta vigía” sean obras de ficción, siempre debemos recordar es la mímesis que se considera como la representación artística de lo real, pero en ciertos niveles de verosimilitud; es importante no confundirla con una mera descripción.

En la tradición retórica grecolatina, la mímesis consiste en la imitación de la           realidad de la vida, por lo que constituye “un instrumento cognoscitivo        ontológico/sociológico, de trabajo y divulgación, sin el que la vida espiritual no    sería posible.” <<Lausberg>> (Beristain, 2010, pág. 333)

Son esos diferentes puntos de enunciación los que realizan una distinción importante dentro de los ámbitos de las sociedad, aunque sea inconscientemente el escritor o escritora, en este caso, escribe ciertos elementos que para sí mismo pasan desapercibidos, pero son de gran importancia si se realiza un análisis hermenéutico. Aunque el hermeneuta lea desde su perspectiva y su “enciclopedia” según Eco, existen algunos factores en común entre el emisor y el receptor; son esos factores los que se puntualizan en las diferentes culturas y lo que son capaces de dialogar desde diferentes perspectivas o puntos de enunciación.

Bibliografía

Baym, N. (1999). La loca y sus lenguajes. Por qué no hago teoría literaria feminista. En M. Fe, & M. Fe (Ed.), Otramente: lectura y escritura feministas (F. Botton-Burlá, Trad., Primera ed., pág. 268). D.F., México: Fondo de cultura económica .

Beristain, H. (2010). Diccionario de retórica y poética. México D.F., México: Porrúa.

Castellanos, R. (2016). Ciudad real. En R. Castellanos, Obras (Vol. 1, pág. 284). D.F., México: FCE.

Castro Ricalde, M. (2009). Género. En M. Szurmuk, & R. Mckee Irwin, Diccionario de estudios culturales lationamericanos (Primera ed., pág. 112). D.F., México: Siglo XXI.

Dávila, A. (1958). El huésped (Cuarta reimpresión ed.). D.F, México: Fondo de cultura económica.

Foucault, M. (1985). Microfisica del poder. Recuperado el 25 de 05 de 2017, de antroposmoderno.com/antro-version-imprimir-php?id_articulo=646

– – – . (2002). Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión. (A. Garzón Del Camino, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

 

Semblanza:

Ricardo D. Aguirre Garza (Monterrey, 1992). Estudió la Licenciatura de Letras Mexicanas en la UANL, titulándose con la tesis: “Hacia una poética de la minificción en Hispanoamérica: análisis y clasificación de los mecanismos retóricos”. Obtuvo el primer lugar en el 25° Certamen de Literatura Joven Universitaria 2016, en la categoría de cuento con El bache.