Ensayo «El círculo del castigo» por Rebeca M. Aragón

Crimen y castigo, una de las obras maestras del escritor ruso Fedor M. Dostoievski, nos narra la historia del joven Rodion Romanovich Raskolnikov, sobre cómo se hunde en la miseria, se retuerce en ella, y sale al final en busca del modo para limpiarse. Dar un breve resumen de la historia es aventurar demasiado así que mejor aclararemos los puntos necesarios conforme avancemos en nuestro análisis, el cual consistirá en desarrollar el círculo en el que consciente y voluntariamente Rodia se incrusta en la novela: del orgullo a la culpa, al fracaso para caer en la indignación, y volverse a encerrar en el orgullo. Así hasta que el amor, la pureza, la fe, que le suministra Sonia lo sacan del mismo.

La historia principal es sobre la pena que sufre Rodia después de asesinar a Aliona Ivanovna, una vieja usurera que no era muy querida en San Petersburgo, y su hermana Isabel, quien era todo lo contrario a Aliona. Rodion al principio parece cometer el asesinato por hambre, para robar dinero a la vieja y poder continuar con sus estudios e impedir que su hermana haga un matrimonio desfavorable con Pedro Petrovich Lujin. Pero en el acto, la emoción es tanta que no logra su cometido como ladrón. Olvida cerrar la puerta del departamento de la vieja y entra Isabel, ve el cuerpo de su hermana con el cráneo desfigurado y Rodia no encuentra otra salida más que matarla también.

Dentro de la novela tenemos varios personajes pero nos enfocaremos en Sonia, prostituta resignada para mantener a su padre ebrio, madrastra tísica y hermanastros (todos niños). Rodia se siente identificado con ella: “Partamos juntos: vine a proponértelo. Ambos estamos malditos. […] Tú también has infringido las reglas… te has visto obligada a hacerlo. Has alzado la mano sobre ti misma, arruinado tu vida”[1]. En la historia esta conversación se da un día antes de que Rodia confiese a Sonia que él es el asesino.

Es necesario aclarar que la pobreza de Rodia es inducida. Él se dejó caer en ella por culpa de otro germen, uno que le decía que era superior a los demás, que estaba destinado a ser un hombre como Napoleón, es decir que tenía derecho a hacer el mal con tal de lograr el bien común, en este caso el asesinar a la usurera era sólo el paso uno para su plan de mejorar la vida propia y la de su familia, pero algo lo detiene, la conciencia, la culpa, la vergüenza. Todo esto en forma de una enfermedad que le provoca delirios y lo hacen quedar en cama por unos días. Nos enteramos de las verdaderas razones de Rodia cuando le cuenta todo a Sonia (otro de los aspectos por las cuales este personaje es tan importante). Le habla sobre su tesis de los hombres que deben de tener licencias para trasgredir las leyes morales con el fin de lograr un cambio beneficioso. Esto ya lo había expuesto en un artículo de revista antes de abandonar la universidad. Lo discute con el juez Porfirio Petrovich quien ya sospechaba de él como el autor del terrible asesinato[2].

 

II

El sufrimiento es la universidad del egocentrismo – Milan Kundera

Antes de comenzar a describir el círculo debemos de exponer la tesis de Rodia. Él dice: “el hombre «extraordinario» tiene el derecho, no oficialmente, sino por sí mismo, de autorizar a su conciencia a franquear… ciertos obstáculos, y sólo en el caso que se lo exija la realización de su idea, de la que puede depender a veces la salvación del género humano”[3]. Esto cuando aún no confesaba. Después el tono y la intención son distintos, pues aquí es un tanto objetivo. Sin embargo, cuando se lo explica a Sonia pareciera que trata de justificarse a sí mismo, de hacerse creer que su sufrimiento no tiene fundamento pues hizo lo que quería:

 

[…] el poder pertenece a quien se atreve a bajarse para obtenerlo […] ¡Obré después de madura reflexión, y esto es lo que me ha perdido! ¿Imaginas que ignoraba, por ejemplo, que si comenzaba por preguntarme: <<Tengo o no derecho al poder?>>, era porque no me asistía ese derecho? […] <<¿Habría asesinado Napoleón, sí o no?>>, advertía en forma neta, créeme, que estaba lejos de ser un Napoleón. Éste es el tormento que he soportado, Sonia, y del que quise desembarazarme de golpe; quise matar sin casuística, para mí, para mí solo. No quiero mentir en esto, ni aun a ti. No maté para socorrer a mi madre, no, ni tampoco para erigirme en benefactor de la humanidad de haber logrado los medios para hacerlo. No, maté con simplicidad, maté para mí, para mí solo […] Para nada entró en mis cálculos el dinero […] tenía que saber lo antes posible si era un gusano como los demás o un hombre ¿Podría o no franquear el obstáculo? ¿Me atrevería a bajarme para recoger el poder? ¿Era una criatura pusilánime, o tenía el derecho…?[4]

 

Vemos que el crimen de Rodia, más allá de asesinar, fue asesinar a conciencia. El saber tantas cosas sobre la humanidad y sí mismo, cuestionarse acerca del poder, lo orilla a responderse que tal vez no es digno de ello. El asesinato fue un examen en el cual reprobó. Quería verse como ese modelo que él mismo creó, un hombre capaz de quitar otra vida humana sin sentir remordimiento alguno (hoy los llamamos psicópatas[5]). Sin embargo, él busca el castigo hasta en el más mínimo detalle, y, de no ser por la muerte del padre de Sonia, se hubiese suicidado esa misma noche[6]. Así tenemos pues que: “El delirio napoleónico del héroe no es sino el efecto de la causa general”[7] se siente obligado a rebelarse en contra de su propia miseria inducida, de su irrelevancia dentro de la sociedad, y el único medio que salta a su mente es el asesinar a otro ser humano, pero para no ser tan despiadado elige a uno ingrato desde la perspectiva general. Su sufrimiento crece tanto, lo educa tan bien, que ya no ve más allá de sí hasta después de matar a la usurera y a Isabel.

 

III

And if I swallow anything evil put your finger down my throat.
And if I shiver, please give me a blanket,

keep me warm, let me wear your coat[8]
Behind blue eyes
– The who

Orgullo. Una emoción que según Hume “podemos especificar sus condiciones y consecuencias causales y, también, otras circunstancias que se relacionan con ella. Así, es importante distinguir entre el objeto y la causa del orgullo […] el objeto del orgullo es siempre la idea del yo […] «es una pasión situada entre dos ideas, de las cuales la primera lo produce, mientras que la segunda es producida por él»”[9]. En otras palabras, el orgullo nace por la idea general que se tiene del yo, de lo que uno sabe que es capaz e incapaz de hacer (objeto). Persiste por el ideal del yo, lo que podría llegar a ser o hacer si se siguen los pasos adecuados, esto es lo que provoca placer en el individuo (causa). Si bien podemos decir que Rodion no obtuvo mucho placer del asesinato, antes de cometerlo sí, pues desconocía los límites de su conciencia. Es por ello que el orgullo es el punto inicial. Si no se hubiese idealizado al nivel de Napoleón no se hubiera demandado el ponerse a prueba tal como se ha expuesto en la cita en la que se confiesa con Sonia.

Dentro del orgullo de Rodia también encontramos el sentimiento de derecho, esto significa que se asume como una persona excepcional, superior a las demás y por ello debería de ser libre de hacer lo que le plazca cómo mejor le venga en gana. Dicho sentimiento también debería de exentarlo de culpa debido a su base narcisista[10]. Cosa que no pasa con nuestro protagonista, pues dentro de él existe la duda. Su orgullo no es tan grande a pesar de que el mismo le dice que sí. Rodia ha tragado el mal, pero aún está a tiempo de expulsarlo, sólo necesita un poco de ayuda.

Culpa. Nace a raíz de un juicio propio, cuando reconocemos que algo que hemos hecho está mal según nuestros estándares morales, al grado de autocastigarnos[11], como lo hace nuestro protagonista en repetidas ocasiones con sus ayunos y la noche en que estaba decidido a quitarse la vida. Además de buscar en formas repetidas que le descubran como el culpable del crimen[12] aunque sus acciones indiquen que quiere librarse, como el hecho de ocultar las joyas en lugar de empeñarlas.

En sí, la culpa de Raskolnikov surge por una causa principal: el no sentirse superior tras haber asesinado a las hermanas, sino más bien sentir vergüenza por ello. Se siente fugitivo, miserable, la vida sigue siendo igual de deprimente que antes. Lo único que cambió después del asesinato fue su conciencia, se vuelve más exigente, tal vez por eso da todo su dinero para el funeral de Marmelanov (padre de Sonia), para librarse un poco del peso; pues hasta cierto punto sentía que ambos eran los responsables de haber corrompido indirectamente a dos mujeres inocentes[13]: Marmelanov a Sonia y Rodia a Dunia (su hermana)[14]. Sin embargo, no es hasta contarle todo a Sonia que su perspectiva cambia. Ésta le da el valor necesario para entregarse a las autoridades, le convence de que con ello será el hombre de bien que siempre estuvo destinado a ser. Ella pone su dedo en la garganta de Rodion, lo acobija, le presta su abrigo, ve más allá del criminal, del hombre; ve al soñador que quería algo más que una vida común, y no lo acomete por ello, sino todo lo contrario.

 

 

IV

No one knows what it’s like,

to be the bad man, to be the sad man,

behind blue eyes[15]

Behind blue eyes – The Who

Fracaso. Una vez expulsadas las bacterias queda el mal sabor de boca. Rodia tiene constantes sentimientos de ansiedad, se sabe un prófugo de la ley, hasta cierto punto; pero, el mayor tormento se lo da su conciencia. Ya hemos expresado que lo que más le pesa a Raskolnikov es la vergüenza de sentir culpa. Así pues, podemos asimilar que su fracaso como asesino de sangre fría le cause malestares pues “si el fracaso es personal, esto suscita en nosotros sentimientos de desesperanza, culpa y vergüenza”[16], la medida del castigo es equivalente a la sensación de decepción que siente nuestro héroe sobre sí mismo. Es algo que le pesa dentro del presidio: “lo único que reconocía como falta o yerro era el hecho de no haber podido resistir y de haber ido a entregarse”[17]. Aquí su conciencia estaba un poco más tranquila pues ya estaba recibiendo un castigo externo, pero le da tiempo para reconocer las verdaderas razones de su tormento.

Indignación. Entendemos por ésta que es una emoción moral (junto con las ya mencionadas: orgullo, culpa y vergüenza) “la razón por la que la persona indignada desearía que la acción (u omisión) no hubiese sucedido (o la razón por la que tiene una actitud negativa hacia ella), es que piensa que constituye una violación de alguna exigencia moral”[18]. La moral de Raskolnikov estaba trastocada por el delirio napoleónico. Es por ello que le indigna el hecho de no ser lo suficientemente despiadado como para no sentir culpa.

Cuando Sonia le dice a Rodion que se entregue a las autoridades éste le responde indignado. Lo que le desagrada de la idea es que se burlen de él, pues no lograrían comprender las verdaderas razones de su crimen[19]. Cuando se entrega es la mirada de Sonia que lo incita a hacerlo[20]. Durante el proceso en el que le preguntaron el motivo de su crimen: “declaró con franqueza brutal que ese motivo era la miseria, el desamparo en que se hallaba […] manifestó que se había decidido a matar por maldad, por bajeza de carácter […] Al interrogársele acerca de la causa que lo impulsara a confesar su delito, respondió que había sido su sincero arrepentimiento.”[21]. El narrador omnisciente de la obra señala que: “Todo aquello era casi cínico.”[22]. Pues, como ya hemos mencionado, nuestro protagonista no se arrepiente de su crimen, sino del fracaso de su buena conciencia. Él se encuentra solo, encerrado en sus preguntas y respuestas, nadie más puede saber cómo se siente detrás de sus ojos azules.

 

V

If I seem lost, well, I weighted the cost, and chose my crime
now it’s mine, all mine!

I heard the voice, calling from just outside the well,
she said, «You fool, now that you know, your end is near,
you always fall for what you desire or what you fear!»
[23]

The well and the lighthouse – Arcade Fire

Así pues, Rodia regresa inevitablemente al orgullo ya sufriendo la pena de 8 años en Siberia: “Sentía vergüenza […] Mas aquel sentimiento no era originado por su cabeza rapada ni por sus cadenas: era el orgullo ulcerado el que lo hacía sufrir […] su conciencia endurecida no hallaba en su pasado falta alguna particularmente horrible, excepto la de haber fracasado […] Pensaba con un sentimiento de honda humillación que se había perdido ciega, absurda y estúpidamente, sin remisión”[24]. Raskolnikov escogió el crimen desde el inicio, lo analizó, lo saboreó, hasta hacerlo propio cometiéndolo y no olvidándolo. El no olvidarlo lo llevó a preguntas morales de las cuales no sabía la respuesta. Se generó culpa, vergüenza. El sentimiento de fracaso no se alejó de él en ningún momento desde considerar el suicidio como la única salida de sus penas. La indignación parecía rescatarlo en momentos durante su condena, pero sólo Sonia logra librarlo de todo aquello.

Sonia lo saca de ese pozo en el que él se avienta solo, desde donde escucha que su conciencia le dice que de cualquier manera está perdido, ya sea que anhele la condena o que le tema. No puede escapar si trata de hacerlo solo. Al final el amor es lo que lo purifica y convence de que hay una salida, esto tras un año de trabajos forzados y dar vueltas sobre el círculo ya descrito. Sonia lo rescata con el único hecho de no rendirse u ofenderse con los desplantes de Rodia. Ella comprende, lo hizo desde el principio.

La conciencia no es algo que sea fácil de manejar, como podemos ver. El orgullo es una cosa peligrosa en los seres humanos, puede motivarlos a hacer cosas impresionantes, tanto como matar por él. La culpa y la vergüenza van de la mano en el momento de castigarnos. Mientras que el fracaso y la indignación se encargan de señalarnos todo el tiempo en qué fallamos. Así hasta que el orgullo nos recuerde que es mejor vivir con lo que hicimos, pues eso demuestra que somos superiores a los demás entre otras cosas. El amor sólo siendo desinteresado (es decir con una Sonia) puede librarnos de este círculo enfermizo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

[1]DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Crimen y castigo, p., 296.

[2] Cfr., idem, p., 230.

[3] Idem, p., 232.

[4] Idem, p., 376.

[5] Cfr., ROJAS- MARCOS, Laura, El sentimiento de culpa, pp., 165 – 169.

[6] Cfr., idem, pp., 157 – 158.

[7] PHILLIPS, Rosa María, “Introducción”,  en Crimen y castigo, p., 13.

[8] Y si me tragó cualquier mal, pon tu dedo en mi garganta. Y si tiemblo, por favor, dame una cobija, mantenme caliente, déjame usar tu abrigo.

[9] HANSBERG, Olbeth, La diversidad de las emociones, pp., 110 – 111.

[10] Cfr., ROJAS- MARCOS, Laura, Op. Cit., pp.  178 – 179.

[11] Cfr., Idem, pp. 21 – 22.

[12] La conversación que tiene con el policía Zamiotov es por demás reveladora. Véase en: DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit., pp., 144 – 149.

[13]Rodia conoce a Marmelanov antes de cometer el asesinato en una taberna. Éste le cuenta su vida, incluyendo la desgracia de su hija y el modo en que ahora se ve obligada a ganarse la vida. Véase en: DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit., pp., 9 – 24.

[14] Raskolnikov es consciente de que el matrimonio de su hermana con Pedro Lujin es extremadamente inconveniente para su hermana por la actitud altanera de Lujin. Dice que su hermana sólo accede para sacrificarse por él madre. Así pues no es diferente a lo que hace Sonia por su padre. Véase en: DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit.,  p., 207.

[15]Nadie sabe cómo es ser el hombre malo, el hombre triste, detrás de ojos azules.

[16]ROJAS-MARCOS, Laura, Op. Cit., p., 185.

[17]DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit., p. 486.

[18]HANSBERG, Olbeth, Op. Cit., p., 185.

[19]Cfr., DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit.,  p., 378.

[20]Cfr., idem, pp., 475 – 476.

[21]Idem, p. 478.

[22]Ibid.

[23]Si parezco perdido, bueno, he pesado el costo y he escogido mi crimen, ahora es mío, ¡todo mío! Escuche una voz llamando solamente desde afuera del pozo, ella dijo: “tonto, ahora que lo sabes, tu final está cerca, ¡siempre caes por lo que deseas o lo que temes!”.

[24]DOSTOIEVSKI, M. Fedor, Op. Cit.,  p., 485.