El mundo acabará en viernes (Manuel Moyano)

Admiro a los escritores que arriesgan, y mientras leo sus temeridades, me pregunto de qué manera saldrán del jardín en el que se han metido. En El mundo acabará en viernes, Manuel Moyano convierte en su hábitat natural lo que para otro sería un jardín infernal.

«El recién llegado arrastró una silla y se sentó a metro y medio, una distancia que, según su experiencia, proporcionaba cierta cercanía sin resultar invasiva. El propio paciente había marcado la pauta para empezar su entrevista y decidió seguir por ahí».

El mundo acabará en viernes es una sátira en toda regla y es también una sátira sin reglas, Manuel Moyano se columpia en su trapecio literario sin miedo a un vacío carente de red.   

«El cielo se había cubierto de nubes grisáceas y, por un instante, Boshu tuvo la extraña convicción de que era su interlocutor quien las ordenaba moverse de un lado para otro, como si dirigiese una colosal coreografía».

El estilo es fluido, adictivo, subyugante, no le falta ritmo ni musicalidad a la prosa de este autor que sabe bien cómo seducir al lector, y si luego le van diciendo que se lo leyeron de un tirón, la culpa será solo suya.

«Había elevado tanto la voz que acaparó la mirada de toda la clientela. Alguien le exigió que se sentara y se callara. La violencia del tono hizo volverse a Myriam. Se trataba de un tipo calvo, con la servilleta remetida en el cuello de la camisa, al que había visto otras veces por allí en compañía de una señora exageradamente maquillada».

Sospecho que Manuel Moyano se lo pasó bien-bien-requetebién escribiendo El mundo acabará en viernes, y, la verdad, en literatura no hay nada más importante, y, la verdad, creo que los lectores se lo van a pasar igual de bien.

«La madre, sin embargo, no reaccionó a sus caricias y lamentos. Apenas se movió. Tampoco derramó una sola lágrima. Myriam le cogió el rostro entre las manos y miró sus ojos como si tratara de descifrar qué se escondía detrás de ellos».

La novela es divertida, la gozas, te mantiene interesado, si no la lees de un tirón (no recomiendo hacerlo), regresas a ella con gusto, a ver qué me cuenta hoy este narrador-trapecista, a ver por dónde me sale este autor sin complejos.

«Su imaginación le estaba gastando una mala pasada, pensó Ronia, ¿o realmente el rostro de su anfitrión adquiría un tono cada vez más encarnado, como si estuviese sufriendo un ataque de apoplejía o, más bien, como si hubiese empezado a mudar de piel?».

Manuel Moyano ha escrito un libro que se lee sin esfuerzo, El mundo acabará en viernes casi no necesita la colaboración del lector, que se verá abducido, fascinado, y solo tendrá que dejarse llevar. 

«Ya no dejaría de hacerlo durante esa noche y durante todo el día siguiente, en un estado de embriaguez que se confundía con la felicidad pero era solo la anulación de la consciencia, y que no abandonaría hasta el advenimiento del viernes».

Manuel Moyano acaba de publicar su libro más universal.

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