El arte de rechazar manuscritos (Constantino Bértolo)

Hoy me toca hablar de rechazos editoriales, del ensayo que Constantino Bértolo ha escrito sobre El arte de rechazar manuscritos, y antes que nada debo decir que Nueve semanas (justas-justitas) no existiría si Constantino me hubiera aceptado el primer original que le envié.

No existiría porque fue ese rechazo ―con el cruce de palabras que originó― el que me impulsó a escribir esa novela, que supone una inflexión decisiva en mi literatura.

Sin duda, los rechazos me han dado mucho, incluso El diluvio anónimo (2024) se benefició ―y mucho― de un rechazo esperado-inesperado, pues el rechazo espolea, mientras que la aceptación ―el aplauso― te acomoda.

Muchas licencias me estoy tomando para escribir esta reseña, pero creo que son pertinentes. Me tomo también una pausa. Cojo el libro. Es pequeño, agradable al tacto, atractivo. Lo abro. La letra es grande, las páginas están salpicadas con citas en negrita, y, sin buscarlo, encuentro una frase que decido transcribir: «El rechazo produce un dolor anímico porque rasga el amor propio y señala que no despertamos interés en el otro».

El arte de rechazar manuscritos es un libro para todos los públicos, el lector común se encontrará con un texto ameno, el crítico podrá disfrutar de la agudeza de Constantino y el escritor hallará respuestas a preguntas que nunca se hizo.

«Llegamos al siglo XIX y el triunfo de la burguesía y de la lógica de la rentabilidad que la acompaña va a suponer el avance lento pero constante de la cantidad sobre la calidad, de los gustos del mercado sobre supuestos de la teoría literaria, del precio sobre lo inapreciable, aunque las resistencias traten de hacerse fuertes en las murallas de la Estética».

Acierta Constantino al apoyarse en las palabras de otros porque la realidad la hacemos entre todos, acierta también cuando narra desde la distancia, y acierta una vez más con la estructura de la obra (introito, escribir, editar, los egos editoriales, la lectura editorial, el editor, el lector, el rechazo, en la lucha final, coda). 

«Hasta las propias Reglas del Arte que Bordieu radiografió en su momento se tambalean mientras la belleza, aquello que desde los griegos parecía algo definible, sólido y delimitable, entra en discusión y se vuelve materia, ya no de conocimiento, sino de interpretación».

Aunque lo editorial ha cambiado, en el fondo no ha cambiado, aunque hoy hay más ruido que ayer, las voces elegidas siguen oyéndose con claridad, a mercado revuelto, ganancia de editores, lo editorial es hoy apisonadora y el escritor corre el peligro de caer bajo el rodillo y desaparecer, de todo esto y mucho más se habla en este ensayo que a nadie dejará indiferente. 

«Todo lo sólido se desvanece en el aire. La literatura, por ejemplo. No olvidemos que estamos en la posmodernidad, ese tiempo en el que el conocimiento se nos escurre entre los dedos de las manos cuando tratamos de cogerlo».

El arte de rechazar manuscritos es un libro para leer y releer.

Constantino Bértolo nos habla del rechazo editorial,

y de eso nadie sabe más que él. 

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