[1]
Aquella vez andábamos sin prisa. Teníamos largo rato sin visitar el mercadito de la cuadra. Nos hubiéramos ido de paso si no fuera porque tú, sin avisarme, tomaste iniciativa. Te metiste como el Borras. Algo te atrajo. Seguramente fue la radio de don Jorge. No suele encenderla. Cuando lo hace es porque todo anda viento en popa, mi marchanta, qué le ofrezco. No me quedó de otra que seguirte.
Desde adentro, la voz rasposa de la radio: (…) por los que ya no están, por los que aquí seguimos. Esta batalla encarna el corazón de furia del hartazgo. Es un deber muy nuestro arrebatarle al mundo el sufrimiento, el odio y la miseria…
Junto al puesto de embutidos, como siempre, el caribeño piel canela de las frutas y los relatos sonsonetes. Acostumbraba contarnos que en sus mejores años tocaba la marimba con azúcar y candela yatusabe, chico, y que por eso mismo los fulanos de su pueblo le apodaron marimbal… Trompudo Marimbal. Nos detuvimos.
—Pare antena, chico. Los rebeldes se colaron en la radio. Trece minutos de divina conciencia.
El discurso continuaba: (…) la Refriega del Techingo, la Enfermedad del Yotegano, la Maldición del Tutejodes Voyprimero. Es un hallarse encabronadamente andando así nomás, “al puro brinco”, como dicen los Vulpejos…
—¿Los vul qué? —preguntaste al caribeño.
—Los Vulpejos, niña. Esos comebolas que contrató el gobierno pa traer al pueblo to-cagao.
—¡Qué desgracia! —respondiste—. Y uno anda como si nada por la calle, sin mover un solo dedo.
Me hiciste una seña con los ojos. Lo sabía. Deseabas llegar al puesto de semillas y cereales de don Jorge. Saludarlo a él y a su esposa. Echar el chismecito. Que te narraran con lujo de detalle las más recientes novedades: que si Juanita la del otro vecindario ¡Dios me libre, mi marchanta! y su domingo siete y su mamá encamada y su papá en Yunaites ¡fíjate nomás! se había escapado la otra noche con el novio aquel gandul de pacotilla. Decidí, entonces, cortar el hilo de la plática.
—Bueno, Trompudo. Ya nos vamos. Esperemos que la cosa se mejore.
Avanzamos por los pasillos. La voz de los rebeldes se había desvanecido. Era de vuelta el conductor de todas las mañanas:Disculpen ustedes. Les garantizamos que un incidente como este no volverá a suscitarse. Desde presidencia se nos ha informado que, para salvaguardar la legítima difusión de la verdad, todos nuestros canales radiofónicos serán robustecidos.
Llegamos. Te dio ternura verlo. A don Jorge. Se hallaba sentado en la entradita, renegando. La edad ya se le había venido encima. El mes pasado se veía mucho más joven que ahora. Las mortificaciones, sin duda. Su muchacho. Esa búsqueda incansable.
—¡De a tiro la friegan, cabrones! Tengo más verdad en las tarumbas.
—No haga corajes, don Jorge —le dijiste, poniéndote a su lado—. Recuerde que por eso salen las canas.
—Ay, marchanta. Qué bueno que vienen. Estos sinvergüenzas andan con sus cosas. Si de tanta verdad presumen, ¿por qué no hablan del cobro de piso de sus vándalos? Porque no les conviene, ¡claro está! Pero yo me quito el bocado de la boca para dárselos a ellos. Y luego con eso de que al presidente le gustan los habanos. Si seguimos a este ritmo, el país tarde o temprano se quedará en calzones.
—Hay que apechugar, don Jorge —intenté animarlo—. Solo eso nos queda.
—Justo así me decía mi madre: “Usté apechugue, mijo. Que no se le olvide que la vida, pa nosotros, es un rumbillo sin veredas”.
—¿Y doña Lupe? —le preguntaste, mientras volteabas a los lados—.
—Se adelantó a la marcha. Hoy se cumple un año más de aquello. Yo igual no tardo en irme, por si gustan unirse.
[2]
Nuestras pisadas. Cientos de miles de pisadas. Todos mirando hacia delante. Todos, excepto tú.
—¿Qué es lo que ves? ¿Los edificios? ¿Las palomas?
—¡Nooo, sonso! Fíjate bien.
—Mmm… ya sé. ¿Los zapatos que cuelgan de los cables?
—¡Las nubes, bruto! Míralas. Van marchando con nosotros. Pareciera que hoy, por lo menos, ellas también están de nuestro lado.
Semblanza:
Elías Rosario (Cabo San Lucas, BCS, 2004). En 2019, ganó el Premio Internacional ‘El Nevado Solidario de Oro’ (categoría ‘Poetas Emergentes’) y, en 2022, el Premio Municipal de la Juventud Los Cabos (categoría Literatura y periodismo). Es coautor de Diamantinas, publicada de manera conjunta por el colectivo La Otra Feria y la editorial Poetazos, en el marco del Festival Grito de Mujer 2020. Aparece en La Palabra provocada: Antología poética mexicana(Instituto Cultural Iberoamericano, 2020). Textos suyos fueron publicados en Sputnik, Neotraba, Monolito, Azahar, Trinando, Hipérbole Frontera, Plástico, Palabrerías, Purgante, Kametsa, entre otras revistas.
