Cuento «Tierra trágame» por Kraig Winters

Los sueños son vívidos. Deberían ser sueños, pero es difícil saberlo con certeza. Estoy dentro de un cubo, seis lados. Cemento, húmedo y frío. Sin sonido, a menos que grite —o llore—. Se requiere esfuerzo y paciencia, mucha paciencia, pero se puede flotar. Y cuando las cosas se arreglen así, del modo exacto, el espacio se aflojará y uno podrá dejarse llevar al otro mundo. Si es un sueño, bueno. Si no, no me importa.

Estaba en un camposanto; me sentía perdido, intranquilo. Las piedras sepulcrales vibraban, llamando mi atención. No lo entendía y evitaba mirarlas directamente. Tenía la profunda sensación de que no debería detenerme, aunque no sabía por qué. Seguía recorriendo las hileras, con la mirada baja. Mi resistencia era débil y lanzaba ojeadas furtivas a los epitafiosextraños.

Dos fechas y dos palabras en cada uno. Nada más. Sin nombres. 

1461–1493. Humanitario, Violador. 

1978–2004. Explorador, Torturador. 

1163–1181. Jurista, Ladrón.

1843–1896. Filántropo, Esclavista. 

1960–2033. Médico, Incendiario.

Me di cuenta de que no tenía que cumplir mi condena dentro del cubo. Podría escoger una vida de entre los miles que esperaban en el camposanto. Y acercarme a su piedra vibrante.

Es esencial aquí desarrollar la capacidad de dejar que el espacio aflojado se trague un pensamiento y lo borre. Se puede empezar con cosas sencillas: tu nombre, la cara de tu madre, las fases de la luna, la voz de tu hija. Cosas sin importancia. Porque hay cosas más arduas, más urgentes. Es imprescindible abstraerse del zumbido arrollador de los oídos. Sin esta capacidad, el zumbido se retroalimentará y te tragará.

Otra vez estoy en el camposanto, con la luna justo encima del horizonte, de un naranja quemado, gigante. Las vibracionesse han intensificado de manera sorprendente, dejando los epitafios demasiado borrosos como para leerlos y generando un ruido incesante e irritante.

Se me pierde el control. Estoy oyendo voces familiares, claras y penetrantes a través del zumbido creciente. Estoy abrumado por una avalancha de recuerdos que no puedo frenar. No puedo flotar mientras el zumbido pulse. 

En el camposanto, me rindo, derrotado por el ruido arrollador. Me caigo sobre una de las piedras y las vibraciones me tragan antes de que pueda leer el epitafio.


Semblanza:

Kraig Winters nació en Billings, Montana, en 1960. Reside en Encinitas, California. Es profesor universitario jubilado e investigador emérito en dinámica de fluidos geofísicos y matemáticas aplicadas. Tras una trayectoria científica, ha llevado su amor por la escritura a la narrativa breve.

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