Cuento «Marido y mujer» por Yessika María Rengifo Castillo

Ana María se había casado con Benicio, y tenía la ilusión que su matrimonio la haría borrar aquellos años de maltratos a los que había sido sometida. Los primeros años, Benicio había sido el hombre que ella soñó. Complacía cada uno de sus caprichos, y se esmeraba porque su mujer estuviera llena de amor. Un amor que no le permitiera buscar nada fuera de casa.

Cuando se casaron, Ana María decidió entregarse a las labores del hogar. Dejando de lado todos los años que había consagrado a funciones académicas, y laborales. Su amigo Germán, le insistió que no renunciara a todos sus sueños por el matrimonio. Podría alternar su papel de esposa y profesional de maravilla. Pese a las insistencias de Germán, Ana María no aceptó. Se consagró por completo a su hogar, y los días de aprendizaje se fueron nublando. De las lecturas diarias, el cine, las bibliotecas, la música, las visitas al museo, y los cafés en Luvina, ya no quedaba nada. Todo ahora se reducía a los quehaceres de la casa, y al cuidado de la pequeña Bárbara. Ana María nunca se había quejado por renunciar a todos sus reconocimientos laborales, y académicos. Aunque no podía negar que añoraba aquellos días. Germán su gran amigo, se había ido a Estocolmo hacer un doctorado, y hacía un mes había regresado. Y ahora ocupaba el cargo que ella tenía en la editorial.

Cuando pudo contactarse con Ana María, la invitó a tomar café. Quería contarle todos sus éxitos y recordar aquellos días de su amistad. Ana María aceptó encantada, estaba emocionada de volver a ver a su gran amigo. Pero si hubiera sabido la reacción que tendría Benicio esa noche, jamás habría aceptado salir con Germán. El Benicio de ese momento era un lobo disfrazado con piel de oveja. Ana María se arregló como nunca, quería que su amigo la recordara como años atrás, cuando era gerente de la editorial. La cita era a las seis de la tarde, en el Centro de Memoria Gabriel García Márquez. Tendría que dejar a la pequeña Bárbara en la casa de su madre, e informarle a Benicio para que la recogiera. Pues él llegaría primero que ella a casa. Todo estaba saliendo como lo había acordado con su marido la noche anterior, al que le manifestó la emoción que tenía de volver a ver a Germán, quien era padrino de su matrimonio, y su gran amigo.

A las 6 de la tarde, Ana María estaba en el Centro Cultural Gabriel García Márquez. Casi no reconoció a Germán, quien de ser un hombre poco apuesto, había pasado a engordar la lista de los asediados. Ya no era aquel raquítico que había conocido años atrás. El ejercicio y el buen comer le habían sentado de maravilla. Su intelecto se había expandido mucho más. La bella Ana María había estado extasiada contemplándolo y escuchando todos sus progresos. Cuando llegó su turno de hablar, no había mucho qué contar. Era un ama de casa, y se había deslindado del mundo académico, y laboral. Pero era feliz con esa vida que llevaba. Aunque no podía negarle que extrañaba ese mundo de la editorial.

 

Germán estaba feliz de volver a verla, y se alegraba que ella fuera feliz. Aunque su invitación también era para ofrecerle que volviera al mundo de la editorial. Eso emocionó mucho a Ana María, aunque no podía trabajar tiempo completo. Pero estaba dispuesta a regresar, reconocía que sus conocimientos se estaban limitando. Tendría que hablar esa noche con Benicio e iniciaría la próxima semana. Germán no cabía de la emoción, su amiga volvería a crear a su lado.

Esa noche, no podía terminar sin que los amigos se tomaran un aguardiente antioqueño. Ese ritual siempre lo practicaron desde sus épocas de universitarios. Ana María cogería un taxi para regresar a casa, pero Germán insistió en llevarla. Cuando llegaron a casa acordaron verse el próximo lunes e iniciar labores en la editorial. Al ingresar a la casa, Benicio tenía a en sus brazos a Bárbara, quien estaba profundamente dormida. Él se encontraba viendo Fox Sport como de costumbre, su afición al futbol jamás la había perdido. Le dijo a su mujer que lo esperara en la sala y no cambiara el televisor, acostaría a Bárbara.

Cuando regresó, se sentó de nuevo en el sofá y le preguntó qué tal había sido el encuentro con Germán. Ana María le manifestó que su amigo estaba muy cambiado. Tanto que pronto conseguiría una novia para casarse, y de sus conocimientos ni hablar, porque se habían expandido como el invierno. Benicio escuchó en silencio, todos los comentarios que había hecho su mujer y esa gran admiración que sentía por Germán. Finalmente, habló y dijo; “Me alegra, que la vida le sonría a Germán. Es un buen tipo, y merece lo mejor”. Ana María contestó que así era. Benicio preguntó a su esposa el porqué tenía aliento alcohólico si la invitación solo había sido a tomar un café. Ella explicó sobre su ritual de sus años universitarios con su amigo Germán. Benicio aceptó la explicación de su mujer, nunca le había dado motivos para dudar. Ana María aprovechó ese instante para contarle el ofrecimiento que le había hecho su amigo Germán. Le dijo a su marido que estaba muy emocionada de regresar a la editorial. No sería todo el día, no quería perderse los mejores años de Barbarita. Y mucho menos ausentarse de su lado. Eso no le gustó a Benicio, quien transformó su rostro comprensivo al de un feroz león. Le dijo a su esposa que por ningún motivo regresaría a la editorial. Su función era su familia y la casa. Sus años de academia y labores habían concluido el día que se casaron. Ana María desconcertada ante la respuesta de su esposo, le dijo; “Benicio, yo renuncié a mis sueños por consagrar mi vida al hogar. Y no me arrepiento de hacerlo. Pero quiero volver a retomar mis sueños de tu mano. Y si no cuento contigo, igual lo haré”.

Esas palabras de su mujer hicieron que saliera el verdadero Benicio. Quien de una sola bofetada tumbó a Ana María y le recordó que en casa se hacía lo que él decía. Ella no podía creer que su amado esposo la había golpeado y se había transformado en Camilo, su pareja anterior. Llena de sangre, y lágrimas en su rostro, Ana María le pidió a Benicio que no la golpeara más. Él hizo caso omiso a su petición y la pateó hasta cansarse. Inconsciente en el suelo, las imágenes de los golpes que le había dado Camilo años atrás, habían vuelto. Pero esta vez, no estaba sola. La pequeña Barbarita no podía crecer con un monstruo, tenía que encontrar la forma de salir de ahí. Como pudo se levantó, y se fue al baño. Su rostro estaba deformado, y su cuerpo lleno de morados. Se duchó y las lágrimas no cesaban. Al salir del baño, Benicio le pidió perdón, y dijo que ella había provocado esa situación, al desafiarlo y no ocupar su puesto de señora. Ana María, había escuchado esas palabras antes, en boca de Camilo. Por eso sabía que debía hacerle creer a Benicio que tenía la razón o podría matarla. Esa noche, durmió a su lado con un asco profundo, por aquel ser indeseable. En la madrugada, intentó buscarla para tener sexo, ella le dijo que lo dejaran para el día siguiente, estaba muy cansada. Benicio lo entendió, y se quedó dormido.

Al día siguiente, Ana María alistó a Barbarita para que se fuera al colegio. Le sirvió el desayuno a Benicio, y lo despidió. Antes de irse Benicio, le recordó a su mujer que no podía contarle a nadie lo sucedido la noche anterior. Ella le dijo que no le contaría a nadie. Cuando su marido se fue, llamó Germán y le contó lo que había ocurrido, y le pidió su ayuda para poderse marchar con la pequeña Bárbara. Germán estaba indignado, quería acabar con Benicio, le pidió a Ana María que alistara todo; a las dos de la tarde partirían de ese lugar. Los pitos del carro de Germán anunciaban que había llegado el momento de marchar, e instaló a Ana María y Bárbara en su casa. Lo que había hecho Benicio no podía quedar así, lo denunciaron ante la fiscalía, quien dictó una medida de caución en contra de Benicio, no podía acercarse Ana María, ni a la pequeña Bárbara, hasta que un juez no dijera lo contrario. Mientras sanaba de los golpes de Benicio, Ana María instauró la demanda de divorcio.

No lo había vuelto a ver,desde aquella mañana, en que le había dicho que no debía contarle nada a nadie. Ese día se encontraron en el juzgado y su mirada fue de odio, y tan pronto vio a la pequeña Bárbara, quiso besarla. Ana María no lo permitió, lo quería lejos de ellas. Se firmó el divorcio, se acordaron los días de visita a Barbarita y las cuotas alimenticias.

Ha pasado un mes desde aquel suceso. Germán le ha declarado su amor a Ana María. Ella no está preparada para iniciar ninguna relación amorosa, se ha dedicado en cuerpo y alma a su trabajo y a la pequeña Bárbara. Comprendió que ser marido y mujer, no implica renunciar al camino andado, tan solo implicaba caminar desde un mismo horizonte. Sin dejar de ser ella, y el sueño del libro que años atrás se había nublado, estaba listo para aquellas mujeres que habían sido golpeadas y entendieran que el camino no siempre es de espinas, las rosas también florecen en invierno.

 

Semblanza:

Yessika María Rengifo Castillo (Bogotá, Colombia 1984) docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister de Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, y Proyecto Sherezade. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015), y los libros El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar, en el librototal.com. Ganadora del I Concurso Internacional Literarios de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda.