≡

Cuando ocurre la poesía

Aquí vuelves a ser:

bajo lo bruno.

El alba es porvenir

con cielo raso.

(“41”, Eduardo Hurtado.

Ocurre todavía)

“A Eduardo le gustó tu mandala. Dice que luego hay que ir a tomar un café”. Aún no tengo la certeza de coincidir o no con esa frase de nunca conozcas a tus ídolos. Es más, no estoy segura de tener un ídolo literario, aunque sí libros de cabecera que constantemente (o al menos una vez al año) me acompañan. Y al encontrarme frente al poemario de Eduardo Hurtado, prestado por un amigo (no recuerdo por qué), supe que iba a quedarse en mi biblioteca mental.

1

Érase allá

            o después

antes de ser

nosotros.

Hasta que un día

nos alcanzó la luz

bajo la misma tarde

/y fuimos de hondo

en hondo,

              desnudos

como huesos

que se entierran.

Confieso que a la poesía nunca le he tomé la constancia o premura que, como estudiante universitaria de lengua y literatura, debí tomarle, excepto para labores académicas y un poco para fungir como acompañante lírico de mandalas que comencé a realizar en clase para atisbar un poco el sentido de lo que los docentes compartían. Resulta congruente que el ejemplar poético que me haya llegado al corazón sea uno donde acuarelas puntuales, creadas por Kenia Cano, acompañan su poesía.

5

Árbol

que nace

de su propio sueño.

En la reimpresión de Casi nada, un poemario previo, Eduardo describía en su poema “Secreto” lo que me parece la descripción perfecta para cuando las palabras se desbordan y manifiestan para que otros las encuentren. “Escribir es poner el secreto al amparo legible de una forma. El que escribe resguarda los misterios más hondos al dibujar apenas, con perfiles muy tenues, algo que ahí se asoma”, se lee en el ejemplar que obtuve con mi bonificación del servicio social en El Fondo de Cultura Económica; uno que no he leído en su totalidad, por cierto, pero que me deja esa intencionalidad de “recorrer cada día…hasta volverlo real, hasta inventarlo”.

9

Todo comienza ahí,

donde no faltas

y lo nuevo

es abrir

y asomar

y no buscarte.

Así es aparecer: estar

sin más,

como el que vuela

inmóvil

           /y advertir que ya es hora

           y habitarla despierto.

Era, creo, 2022 cuando aún mi concepción de los mandalapoemas estaba en su auge (la versión pulida de esa unión de mandalas y poemas que hice como universitaria, pero ahora diseñando las mandalas casi siempre con tinta negra, intercalando los versos poéticos). No era la primera vez que publicaba uno inspirado en Eduardo, pero sí la ocasión en que mi amigo le compartió el diseño. “A Eduardo le gustó tu mandala. Dice que luego hay que ir a tomar un café”, o algo así me dijo. ¿Es en serio? Sí. Era en serio, pero no tuve la iniciativa para darle seguimiento a tal anuncio. Quizás luego, cuando releyera su obra, o hiciera otro mandalapoema, o antes de que se fuera de Tijuana para volver a Ciudad de México.

23

Allá, donde saber

no cuenta,

Explica mi amigo Juan Carlos en su tesis de licenciatura que “la necesidad de movimiento en la poesía de Hurtado se convierte en una de las columnas de su producción posterior. Manifiesta una absorta persecución por el presente, por vivir el instante, al borde de las conmociones que el ritmo de lo concreto impone, sin dejar de lado la contemplación a través de la mirada del sujeto lírico. Todo sucede y sigue un flujo determinado, mas esto no cohíbe al individuo de proceder cuando sea requerido”, cualidades que me parecieron claramente recurrentes en “Ocurre todavía”.

27

Y ellos

acuden

con figuras extrañas,

trabalenguas, enigmas.

Con eso escribo.

Quizás es la persona siempre intensa que navega en mi cerebro, o las eternas dudas sobre mi quehacer como escritora, pero conforme avanzaba la lectura, mi interpretación se dirigía enteramente a aquellas dudas e incertidumbres posadas. Una disparidad total a las connotaciones eróticas a las que Hurtado alude en varios de los 42 poemas, pero cuya corporalidad y plasticidad dialogaron constantemente conmigo, al punto de no implementarlos únicamente en mis diseños al papel, sino igualmente verter mi vena romántica y trágica en aquellos versos, y ese entendimiento de que la vida sigue a pesar de todo.

34

También aquí,

entre las cosas

que se quedan

 a fuerza de existirlas.

Eduardo falleció a finales de 2025. Nunca le dije a Juan Carlos que le confirmara el café. Tampoco se llegó a enterar lo mucho que releí su poemario entre crisis emocionales o antojos de algo reflexivo. Quizás nunca lo idolatré, ni conocí en persona, a pesar de no estar en círculos tan alejados, pero siempre escuché buenas opiniones de parte de sus colegas y amigos. Y a casi un año de su partida, aquí sigo, releyendo y regresando a sus poemas, y a las coincidencias que me sigue dando la poesía.

42

Aquí estás,

       en lo vano,

como una fábula

pendiente.

Abro los ojos. Regreso

a resoñar

lo que soñaba.

Y atrás del porvenir

la noche sigue

                 y dura

y ocurre todavía.


Referencias

— Hurtado, Eduardo (2011). Casi nada. Fondo de Cultura Económica (Colección Poesía), México.

— Hurtado, Eduardo (2016). Ocurre todavía. (Colección Poesía), México.

— Zamora, Juan Carlos (2021). Las flores del desierto. Siete poetas jóvenes de Tijuana ante sus influencias orientales y norteamericanas. Fondo Editorial La Rumorosa, México.

Salir de la versión móvil