Amores confinados: La otra mirada al teatro

La magia de las representaciones inusuales sucedió durante 2022 en el puerto de Ensenada con Amores confinados, de la dramaturga bajacaliforniana Virginia Hernández y la participación de Javier Ballesteros, Paloma Avendaño, Javier Vera, Carlos Moreno, Estefanía García y Xavier Cisneros y dirección de Fernando Rojero. Una aproximación diferente bajo el formato de teatro en su casa, puede decirse que es otra modalidad del teatro comunitario, un experimento en el que la recepción del público es motivo de reflexión debido a lo inesperado del escenario: sala, cocina, patio y recámara de una casa privada dispuesta para este teatro vivo: la otra mirada.

Varias puestas en escena de Amores confinados tuvieron lugar en diferentes colonias de Ensenada, diversas casas que sirvieron de escenarios interactivos y en los que el público tuvo oportunidad de ver a unos centímetros de distancia a los actores que con dicha obra nos acercaron a vernos a nosotros mismos en el periodo de encierro, durante la pandemia iniciada en marzo de 2020. 

El formato de la obra es propositivo, interesante en sus diferentes acercamientos a la interacción que se dio dentro de los núcleos familiares durante el extremo periodo de confinamiento. Todos tuvimos noticia de conflictos, separaciones, violencias, ansiedades, desequilibrios emocionales, económicos y cambios en las dinámicas de las parejas; como es el caso de esos amores que se replantean a partir de rutinas agobiantes, ese espejo al que la pandemia por la Covid-19 fuimos empujados todos los habitantes del planeta.

Frente a ese espejo nos preguntamos con los actores: ¿Qué es una pareja vinculada por el amor?, ¿Cuáles son las necesidades sofocadas por la costumbre, la falta de horizontes en común, el aletargamiento del deseo sexual, las nimiedades que llegan a convertir en un pequeño infierno la sola convivencia diaria?

¿Cómo se destruye esa construcción llamada amor a fuerza de insistir en no vernos?, ¿Cómo se transforma el deseo cuando la presencia del otro está embotada por el encierro?, ¿Qué puede rescatarse del incendio de la rutina enfermiza?

Zygmunt Bauman anota en Amor líquido (2007), “Las conexiones son relaciones virtuales. A diferencia de las relaciones a la antigua (por no hablar de las relaciones “comprometidas”, y menos aún de los compromisos a largo plazo), parecen estar hechas a la medida del entorno de la moderna vida líquida, en la que se supone y espera que las “posibilidades románticas” (y no sólo las “románticas”) fluctúen cada vez con mayor velocidad entre multitudes que no decrecen, desalojándose entre sí con la promesa “de ser más gratificante y satisfactoria” que las anteriores.” Esas posibilidades románticas y duraderas o no son mostradas en Amores confinados al ponerse a prueba la solidez de una relación atravesada por una pandemia mundial. 

También (Bauman, 2007) agrega que: “En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenir o conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se confunde con el gozo de una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor.”

La dramaturgia de Virginia Hernández es de sobra conocida como arriesgada, en los límites de todo tipo de paisajes, con esta obra se permite traspasar las líneas de fuga que van del observador al actor, una pieza de arte como Baja California: límite de territorios, emociones, experimentación, lenguajes en continuo movimiento. Amores confinadosfue publicada en el 2020 en la Revista Cuadernos Fronterizos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, teatro vivo para la expresión.

La obra Amores confinados se enriquece con otros textos como “Sonetos para no salir corriendo” de Héctor Domínguez Ruvalcaba, “Sigues en el sueño”, “Qué es una mordaza” y “Todas las cosas bajo el cielo” de Iliana Hernández, “Desde las fronteras de una casa blanca…” de Brenda Isela Ceniceros y Carlos del Rosal Caraveo, “La frontera está en el techo” de Carmen Pombero, el personaje denominado El inquilino es quien da voz a estos textos poéticos que acompañan acciones y proyecciones emocionales de los personajes Él y Ella. 

Al final de cada representación se da un conversatorio entre los participantes de Amores confinados y el público asistente, los comentarios entre ambos enriquecen y abren líneas de reflexión sobre el texto y la interpretación. Actores y actrices reciben la retroalimentación de lo que sus personajes transmiten. Quienes hemos sido testigos de esta obra nos quedamos con la sensación de haber actuado en ella, de romper con un esquema de mera contemplación y pasar a la intimidad de un hogar en el que no se plantean situaciones tan distantes de las dinámicas de alegría, esperanza, enojo, ira, tristeza o dolor que nos acompañan en nuestros propios hogares. Vernos representados en un escenario doméstico, cercano y a la vez dominado por el profesionalismo de los creadores e intérpretes de Amores confinados es parte de la obra que cada uno se lleva dentro de sí.

Amores confinados, queda pues, como un documento artístico e histórico sobre un periodo difícil de la humanidad, latente en la actualidad sobre nuestras cabezas en este 2023.

Foto en portada: La Jornada Baja California.