Agente naranja

Agente naranja, es un fuego que no quema
-Sodom

 

Ranch Hand fue una operación militar estadounidense durante la guerra de Vietnam que se extendió desde 1962 hasta 1971. Éste fue parte de un programa de guerra química en Vietnam llamado operación Trail Dust.

Se rociaron más de 80 millones de litros de defoliantes y herbicidas, el más conocido de ellos fue el “Agente Naranja”, se estima que alrededor de 400 000 personas fueron asesinadas o mutiladas, y más de 500 000 niños nacieron con malformaciones congénitas como resultado de su uso, medio millón de futuros transformados en sombras de ellos de mismos.

Estos químicos se vertieron sobre zonas rurales de Vietnam del Sur en un intento por privar al  Viet Cong de alimentos y la vegetación que les proporcionaba cobertura. Entre 1961 y 1971 se registraron cerca de 20 000 vuelos de combate. Los Estados Unidos también tiene su propio “Auschwitz”, claro que siempre fuera de su territorio, que la banalidad del mal siempre quede fuera de ellos mismos.

En todos estos años, el gobierno americano ha rechazado estas cifras por considerarlas poco fiables y poco realistas, claro que lo harán, porque no se han enfrentado a la realidad que crearon. Los herbicidas fueron hechos pensando en que ellos tenían la razón, que el progreso eran ellos, que sus razones eran justas y verdaderas. Que la quod deam ratio estaba en su mano diestra. Parece que el humano siempre vuelve a los mismos ciclos.

Cuando el imperio romano conquistaba un territorio, ellos pensaban que compartían su gloria, así es, ese territorio tenía el honor de pertenecer al todopoderoso imperio romano. En la colonización francesa, inglesa, holandesa  y española, aparte del oro y los demás productos enriquecedores, identificaba su expansión con la transmisión del progreso, el derecho y la razón. Pero ¿Por qué la razón tenía que ser transmitida? ¿Qué hace que los poderosos sean dueños de ella?

Nos hemos peleado desde muchas antigüedades por el derecho de tener la razón, de tratar de poseerla, como se posee a un objeto inanimado, de ser lo más cercano a ella como si fuera una meta. Mas la razón no es algo que se pueda poseer, tampoco cuando se ejerza significa que siempre sea por la juicios correctos.

Cuando colocamos a la razón fuera de nosotros mismos, que la transformamos en una entidad que está más allá de lo ético, que la volvemos dios y juez, todas las masacres se vuelven posibles, donde una barbarie se vuelve justificable si vuelve racional, si es razonablemente permisible.

Theodor Adorno dice en una de sus obras cumbres: Dialéctica del Iluminismo, que el hombre del siglo XX se ha vuelto un hombre que usa la razón pero en los medios que aplicamos para la cosas, es decir, una razón instrumental o instrumentada, centrada en cuáles son los mejores medios para producir u obtener un beneficio inmediato.

Se vuelven racionales porque buscan el mejor fin, pero habríamos que preguntarnos si es racional ese fin. La ilustración, el positivismo, el abandono de la superstición y de la religión, todo esto crea un gran orden racional, pero está solamente centrado en instrumentos, cuando llega el momento de los fines, del todo esto: ¿para qué? ¿Qué queremos buscar? ¿Para qué lo queremos hacer? Y cuando se le pregunta esto al hombre, otra vez todo se vuelve irracional.

Aquella humanidad empotrada por encima de sus antepasados, emancipadas por los medios de construcción y de producción, por la facilidad de conseguir y clasificar la información, debemos recordar que eso nos ha llevado también al nazismo, nos ha llevado al estalinismo, nos ha llevado a fórmulas que no tienen nada de racionales en sus fines. Los métodos que se emplearon sí lo fueron; la eficacia y la eficiencia al servicio de la razón instrumentada.

Hannah Arendt acuñó la expresión “banalidad del mal” para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema, al servicio de la eficiencia y la eficacia, sin reflexionar sobre los fines de sus actos. No se preocupan por las consecuencias de sus acciones, sólo por el cumplimiento de las órdenes superiores, provengan estas de un ser superior existente o inexistente.

¿Qué hizo que los esos hombres americanos apretaran el botón de lanzar sobre los pueblos vietnamitas? ¿Acaso no pensaron en las consecuencias de sus actos? Muchos podrán decir: “ellos no los mataron, fueran las bombas que crearon los científicos y los superiores que dieron las ordenes”, también es cierto, pero quienes apretaron el botón fueron ellos, me sorprende cómo ese hombre puede cargar con matar a miles de personas y dormir, me asombra cómo el científico sabe el fin del producto que acaba de crear y descansar, me asusta cómo el militar puede ordenar fríamente la aniquilación de una población y todavía el recibir los honores, descansar en paz.

Lo cual me muestra que la razón no es buena ni mala, simplemente es un instrumento que en malas manos, se vuelve un cuchillo que corta y nos corta por igual. Al igual que el nazi que disparaba, el americano que lanzaba la bomba de Hiroshima, el narcotraficante que arroja una ráfaga por un territorio. Los hombres, cualquiera si no se cuestiona, todos podemos caer en la banalidad del mal.

Como dato extra: “En 1984, una acción judicial impulsada por veteranos de guerra estadounidenses contra las compañías químicas suministradoras del Agente Naranja (entre ellas Dow Chemical, Monsanto, Diamond Shamrock, Hercules Inc., TH Agricultural & Nutrition Company, Thompson Chemicals Corporation, y Uniroyal Inc.) desembocó en un acuerdo de 93 millones de dólares estadounidenses en indemnizaciones para los soldados, por daños a la salud.

Sin embargo, las demandas presentadas por la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja (VAVA. Vietnamese Association of Victims of Agent Orange), han sido rechazadas. Según el juez Jack Weinstein: «no existen bases legales que justifiquen las demandas de los 4.000.000 de víctimas vietnamitas del agente naranja». Jack Weinstein es el mismo juez que en 1984 llevó el caso de los veteranos de guerra estadounidenses.” Fuente: Wikipedia.