2666 (Roberto Bolaño)

Lo primero que tengo que decir es que me ha dado pena llegar al final, terminar de leer esta historia de historias, acabar un libro que empecé hace dos meses y que hubiera podido estar leyendo el resto de mi vida.

«Hans Reiter dijo que no sabía cuál era la diferencia entre un buen libro ditivo (divulgativo) y un buen libro liario (literario). Halder le dijo que la diferencia consistía en la belleza, en la belleza de la historia que se contaba y en la belleza de las palabras con que se contaba esa historia».

Esta narración empieza por el final y acaba por el principio y ni empieza ni acaba y tampoco las mil narraciones que contiene empiezan ni acaban y no podía ser de otra forma porque ¡es tan difícil saber dónde empiezan y acaban las cosas que de verdad importan!

«En ese momento, que no alcanzó a durar ni un segundo, Ansky decidió que no quería ser soldado, pero también en ese momento el suboficial de la oficina del ejército le extendió un papel y le dijo que firmara. Ya era un soldado».

2666 es hiperrealismo (quizá toda la obra de Roberto lo es). 2666 es lo mejor que he leído de él (nunca lo hubiera pensado). 2666 puede a veces parecer pesada (pero el autor siempre da un giro en el momento preciso). 

«No le fue mal, en parte porque los lectores habían olvidado, con esa falta de memoria característica de los lectores, al pobre Odoevski (nacido en 1803 y muerto en 1869) y al pobre Lazhechnikov (nacido en 1792 y muerto, como Odoevski, en 1869), y en parte porque la crítica literaria, tan aguda como siempre, ni extrapoló ni ató cabos ni se dio cuenta de nada».

He encontrado unos treinta errores (de diferentes tipos) que no le restan grandeza a la obra pero sí al editor, no merece Bolaño que después de tantas ediciones no haya nadie que corrija los textos que él no tuvo tiempo de corregir. Hablo de la edición de DEBOLSILLO, pero supongo que la edición de Alfaguara contendrá el mismo texto.

«Lüdicke se hizo acreedor de dos recensiones favorables y una desfavorable y en total se vendieron trescientos cincuenta ejemplares de la primera edición. La rosa ilimitada, que salió al cabo de cinco meses, obtuvo una reseña favorable y tres reseñas desfavorables y se vendieron doscientos cinco ejemplares».

Llegué a esta obra con escepticismo, pensaba que las alabanzas que había recibido se debían a que era la última del autor, y pensaba también que probablemente le sobrarían páginas, pero no, las alabanzas son merecidas y a la obra no le falta ni le sobra nada.

«Ningún otro editor se hubiera atrevido a publicarle un tercer libro a Archimboldi, pero Bubis no sólo estaba dispuesto a publicarle el tercer libro sino también el cuarto, el quinto y todos los que hiciera falta publicar y Archimboldi tuviera a bien confiarle a él».

Es obligado decir que la ilustración de la portada me parece patética (2ª acepción), no merece 2666 que después de tantas ediciones le pongan un traje tan poco acertado. Pero acabemos en positivo, lancemos cohetes, festejemos la buena nueva, pues Roberto Bolaño sigue con nosotros y está, además, en su mejor momento. 

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